“Yo uso el fútbol en la literatura como puerta de entrada a otras cosas más importantes”

Domingo, 12 de enero de 2014 | e6d.es
• “Han despojado al fútbol de un montón de matices”

Once tipos que viven condenados a entenderse en un campo de fútbol de madera. ¿No es demasiado cruel?
Todo parte de la mente de Fontanarrosa, así que las culpas a él (risas). Es un pequeño cuento, pero se trata sobre todo de una inspiración. De ahí, nosotros robamos una pequeña idea que es la de que los jugadores están vivos. Sienten, piensan, se emocionan…pero dentro de ese Metegol, o futbolín, como decís vosotros. Su vida, claro está, no va más allá de jugar al fútbol todo el rato. Pero, ¿qué pasaría si de pronto ese Metegol se destruye y quedan lanzados al mundo real? ¿Cómo es eso de aprender a vivir fuera del Metegol?
 
Como aquellos jugadores que viven en su burbuja de futbolistas profesionales, y cuando terminan la carrera se dan de bruces con la realidad.
Es cierto, pero lo que tiene de distinto es que estos tipos son veintidós que están destinados a amarse u odiarse siempre. No conocen otra cosa. Son ellos contra el mundo.
 
En la película ejerces de guionista.
Sí. Es un proyecto que tiene como cinco o seis años de antigüedad. Cuando se estrenó El secreto de sus ojos allá por 2009, nos juntamos un día a comer con Campanella y me dijo: "Tengo este otro proyecto y tenemos un guión más o menos hecho". Eran Campanella, Ángel Kutchevasky, que es un tipo de cine que trabaja en Canal Once, y Gastón Gorali. Habían hecho un guión pero no terminaba de convencerles. Lo habían hecho únicamente para presentarlo y atraer productores. Darle una viabilidad al proyecto. Me lo pasaron, y a mí tampoco me gustó, porque en realidad le faltaba mucho fútbol. Y Campanella me dice: "A ti que te gusta el fútbol…".
 
¿A él no le gusta?
Le atrae la cultura popular, el interés que provoca en la gente, las pasiones que genera alrededor, pero no sabe de fútbol, no le gusta, no mira y no juega. Por eso me dijo: "Por qué no le das una vuelta...". Así es como trabaja él. No dice: 'Yo hice el guión y por lo tanto es mi película y se hace como yo quiera'. En realidad era un guión de fútbol hecho por tipos a los que no les gustaba el fútbol. Y de ahí hasta ahora. Estrenamos el 18 de julio en Argentina y poco después en España.
 
Esperándolo a Tito fue uno de tus primeros cuentos, ¿te acuerdas, o te queda ya muy lejos?
Me acuerdo perfectamente, no hace demasiado. Lo que sucede es que han pasado muchas cosas en un corto periodo de tiempo. Todo lo que me ha pasado con la literatura me suena muy a azar, porque yo me puse a escribir cuentos para ordenar mi propia cabeza y de repente esos cuentos empezaron a hacerse conocidos en la radio y a publicarse. Eso generó una popularidad que yo no pensaba inicialmente. Después, Campanella me propone tomar una novela mía, hacemos El secreto de sus ojos,  y la película explota y la ve un montón de gente y gana un Oscar… fue una locura maravillosa. En realidad toda esta carrera es absolutamente impensada para mí.
 
A pesar de todo, hay gente que te sigue encasillando en los cuentos de fútbol, ¿Te molesta?
Aquí en Argentina somos muy dados al encasillamiento, como si pareciera molestarnos la complejidad y prefiriésemos decir, fulano, igual a tal cosa; mengano, igual a esta otra. Te doy el ejemplo de Fontanarrosa, que es al que más se le asocia a los cuentos de fútbol. Debe tener 200 cuentos en total y de esos, veintitantos que son estupendos cuentos de fútbol, pero parece que no hizo otra cosa en su vida. No. Es un gran escritor, que también escribió cuentos de fútbol. No digo que yo sea un gran escritor, pero al menos, escribo otras cosas. También me encanta escribir cuentos de fútbol, porque me sirven como puerta de entrada a otras cosas que a mi criterio son más profundas que el simple fútbol, que creo que es como usamos el fútbol muchos de nosotros. Yo uso el fútbol en la literatura del mismo modo que lo uso en mi vida, como puerta de entrada a otras cosas. Para vivir cosas más importantes, para entender, para aceptar y comprender que siempre hay otras realidades.
 
Uno no es el mejor en la victoria, ni el peor en la derrota. ¿A relativizar quizá?
Exacto. Yo creo que sin duda la vida debe ofrecer otros caminos para lo mismo, lo que pasa es que si te gusta el fútbol, lo tienes muy a mano, sobre todo acá. Cuesta mucho separar lo que le pasa a uno como persona de lo que le pasa a tu equipo.
 
Aquello de que es imposible sentir que te va bien si a tu equipo le está yendo mal.
Es que no te va del todo bien… de algún modo cuesta mucho tapar esa mancha. En este momento, por ejemplo, yo te puedo decir que me va bárbaro; personalmente mis hijos crecen bien, mi mujer y yo tenemos trabajo, profesionalmente me está yendo muy bien, viene ahora una película como Metegol que muy probablemente funcione, y sin embargo a Independiente le va mal. Y si a Independiente le va mal, mi felicidad no puede ser completa. Siempre pongo el mismo ejemplo: el día de la ceremonia de entrega de los Oscar, estaba en la habitación del hotel, completamente preparado, esperando a Campanella y Darín mientras mi hijo me iba poniendo al tanto a través de mensajes de texto de cómo iba Independiente frente a River. River nos tiene tomada la medida, pero de pronto, gol de Farías, uno cero. Otro gol… dos cero. Terminamos ganando ese partido, pero yo sé que si lo hubiésemos perdido, en algún momento de la noche me hubiera olvidado del fervor y la alegría del premio y me hubiera apoyado junto a una columna pensando: estos hijos de puta, cómo perdieron hoy… Es imperdonable, pero es así. El autor de esta entrevista es Borja de Matías. Leer entrevista completa y ver hilo de debate en eldiario.es.