“Más allá de los hospitales y viviendas construidas, hemos cimentado la esperanza en la India”

Jueves, 2 de junio de 2016 | e6d.es
• El director general de la Fundación Vicente Ferrer hace un balance personal y profesional del trabajo realizado


Jordi Folgado Ferrer (Calella, 1947) es algo más que el sobrino de Vicente Ferrer. Empezó su labor con la Fundación acompañando a Vicente, de puerta en puerta, en la búsqueda de fondos que dotaran de viabilidad su sueño.
Durante años compaginó su trabajo en el sector comercial, donde fundó varias asociaciones, con su compromiso con la lucha contra la pobreza extrema en Anantapur. En 1999 decidió dar un paso más y convertir su compromiso personal en su actividad profesional.

 
¿Por qué motivos se decidió fundar la organización en España?
La Fundación nació con un objetivo muy claro: proporcionar estabilidad al trabajo que se realizaba en la India. En sus inicios, la FVF se nutría únicamente de los recursos de organizaciones internacionales, aportaciones que tenían fecha de caducidad. Este factor comprometía nuestra participación, no podíamos programar a medio y largo plazo. Las organizaciones financiaban un proyecto y después otro muy distinto, sin haber continuidad. Fruto de esa necesidad y de nuestra colaboración con otras organizaciones como Ayuda en Acción, decidimos apostar por el apadrinamiento, al ser el proyecto de desarrollo más completo, y fundar nuestra propia organización en España. La esencia de su creación: sensibilizar a la población española y hacerlos participes del sueño de Vicente.
 
¿Cómo ha cambiado el proyecto desde la primera vez que visitaste Anantapur?
La primera vez que visité Anantapur pude comprobar en primera persona lo que por aquel entonces decía el dictamen de la Unión Europea: Anantapur era un desierto imparable y aconsejaba al Gobierno de Andhra Pradesh a desalojar a la población de una tierra estéril. Solo había polvo y piedras, carente de vegetación. Únicamente cuando el monzón traía lluvias abundantes, había cosecha. En ese momento, no entendía que hacía Vicente allí. Pero hoy todo ha cambiado, los campos dan fruto. El sueño de Vicente es hoy en día una realidad.
 
¿Qué recuerdos guardas de las relaciones establecidas con la población local durante estos años?
Ha habido cambios muy importantes, no solo en los avances que hemos materializado sino en las personas. Más allá de los hospitales y viviendas construidas, hemos cimentado la esperanza. El espíritu de la organización ha llegado a cada una de las personas que se benefician del proyecto, han tomado conciencia que son responsables de su propio desarrollo. Esto parece muy sencillo, pero han pasado de creer que todo iba a continuar como siempre a saber que hay esperanza.


¿Qué balance personal haces de la evolución de la Fundación?
Trabajar en la Fundación es una satisfacción enorme. Cada día comprobamos y constatamos que nuestra colaboración está funcionando y debemos seguir cumpliendo nuestra responsabilidad de ayudar a las personas más vulnerables, a los que más sufren. Tener la oportunidad de poder canalizar esta necesidad con un trabajo con resultados viables y tangibles es muy satisfactorio. Erradicar la pobreza extrema es posible.
 
¿Cuál es el mayor logro vivido durante estos últimos 20 años?
Todos los logros son igual de importantes, es muy difícil quedarse solo con uno. En Anantapur se ha pasado de un índice de alfabetización en niñas y niños del 3% al 100%, se realizan miles de partos seguros al año, otros miles de pacientes con VIH/Sida son atendidos en nuestros hospitales… resulta muy complicado escoger el mayor éxito. Sin embargo, guardo con especial cariño los avances realizados en el Sector Discapacidad. Personas relegadas a la marginación, a la nada, han pasado de ser una carga para la familia a ser independientes. Un triunfo sobrecogedor.
 
¿Y la decisión más difícil que has tenido que tomar?
Sorteamos a diario trabas e inconvenientes, pero los afrontamos con mucho optimismo. De eso trata la vida, un laberinto por el que hay que pasar. Lo importante no son las dificultades, sino vencerlas; trabajar en la Fundación es una carrera de obstáculos.

¿Qué retos de futuro afronta la Fundación?
Durante los próximos años tenemos desafíos muy importantes. En primer lugar, debemos seguir dando estabilidad al trabajo que realizamos en la India, sin olvidar que nos encontramos ante un nuevo contexto internacional con dificultades añadidas. Pese a que la India empieza a definirse como un país emergente, la realidad de las zonas rurales es muy distinta. Transmitir la situación real del país es un reto capital. Aún siguen habiendo millones de personas que sufren y padecen la exclusión de la pobreza extrema. Nuestra colaboración debe ir en aumento, tenemos la obligación moral de llegar a más distritos y estados donde reclaman nuestra actuación. Pero la necesidad de ampliar nuestra zona de intervención en la India, también conlleva que debamos extender nuestra zona de sensibilización en Occidente y llegar a otros países como Estados Unidos o Alemania con el fin de encontrar nuevos colaboradores.

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