Francisco Montes ‘Paquiro’, el llamado ‘Napoléon de los toreros’

Martes, 23 de diciembre de 2014 | e6d.es
• Hizo aportaciones imprescindibles a la Tauromaquia

El Napoleón de los toreros. Así bautizaron a Francisco de Paula José Joaquín Juan Montes Reinas, Paquiro a secas en los carteles. Nacido en 1805 en la localidad gaditana de Chiclana en el seno de una familia acomodada, esa posición económica se truncó y se vio obligado a trabajar de albañil y a abandonar la idea de su entorno de que fuese cirujano.
La vida le tuvo otro destino preparado: después de ver con su mirada de niño cómo los franceses invadían su pueblo y perder cierto estatus por un problema laboral de su progenitor, su familia se vio obligada a cambiar de domicilio. Hete ahí que la nueva casa estaría junto al matadero, donde comenzó su contacto con el ganado.
 
Alumno de Pedro Romero
Auspiciado por Jerónimo José Cándido, ingresó en la Escuela de Pedro Romero, que se entusiasmó con el prometedor torero. Con estas palabras publicadas en el Correo Literario en 1932 se refirió a Paquiro: «Francisco Montes entró de alumno en la Real Escuela de Tauromaquia gozando la pensión de seis reales, concedida por Su Majestad a los de esta clase, y que como diestro primero puse en él todo mi conato por obligación, y por advertir en él que carecía de miedo y estaba dotado de mucho vigor en las piernas y en los brazos, lo que me hizo concebir sería singular en su ejercicio a pocas lecciones que le diese... Así, tras un breve paso por la Escuela de Tauromquia y con veinticinco años encima nos lo encontramos preparado para, en un par de años, conquistar como nadie, con su valentía sin límites y su vigor físico, la plaza».
Torero muy completo, se presentó en Madrid el 18 de abril de 1831. Pese a no andar acertado con el acero, gustó tanto que toreó hasta cinco tardes más (¡cinco, sí!) en la temporada madrileña: el 25 de abril, el 16 y el 23 de mayo, el 11 de junio y el 26 de septiembre. No bastaría con eso, un lustro después se apuntó a todas las corridas. En 1833, triunfó a lo grande y las dos temporadas siguientes se convirtió en un líder.
Predilecto de los públicos, el pueblo se inventó esta coplilla: «Para sabio, Salomón; Paquiro para torero; para gobernar España, don Baldomero Espartero».
Con la fortaleza física mermada, se retiró en 1847 y se dedicó al negocio vinícola. No fueron bien las cosas y, tal vez recordando la época en la que cobraba hasta dos mil reales por toro lidiado, decidió reaparecer en 1850. Nada fue igual y sufrió una durísima cornada de la que no logró recuperarse del todo. Moriría un año después por unas fiebres. Hubo «gran luto y sentimiento general», se recordaba en el catálogo de la exposición «Paquiro y su tiempo». El autor de este texto es R. Pérez. Leer artículo completo y ver hilo de debate en abc.es.