A la amarga naranja - Relato literario de Eva Borondo

Martes, 14 de mayo de 2013 | e6d.es
• Vincent había escuchado todas las razones por las que ella no quería seguir con él y las comprendía…

Cuando a Vincent le agarraba la tristeza no se le posaba en el corazón como una ciudad envuelta en polución, en cambio le traspasaba la boca del estómago, algo más abajo del órgano fundamental, para reducirlo un pueblo volcánico que trataba de llevar la lava hasta su pecho, sin conseguirlo.
La miraba a la cara, allí sentados, divididos por un mantel blanco y unos platos que no habían sido palpados.
Vincent había escuchado todas las razones por las que ella no quería seguir con él y las comprendía, pero le sentó mal que esas mismas molestias e inconvenientes no hubieran sido importantes los primeros meses de su relación y se convirtieran en fuerza fundamental de ruptura tras dos años de amor.
Se llevó la mano al corazón, por encima de la chaqueta, y la deslizó hacia abajo con suavidad hasta la altura de último botón. Entonces se irguió en el asiento y volvió a mirar la cara de Cecilia, que miraba a un punto indeterminado del salón.
Vincent hubiera pagado mucho dinero por no encontrarse en la zona de no fumadores.
Cecile le preguntó: “¿Y ahora qué?”
Vincent callaba, la miraba y pensaba “¿Qué de qué? ¿Ahora qué hacemos? ¿Ahora qué haces tú o qué hago yo?”.
Lo correcto hubiera sido decirle algo, intentar convencerla de que cambiaría, porque la quería demasiado, pero no tenía sentido y además ella lo iba a dejar de todos modos.
Vincent arrastró silenciosamente sus zapatos hasta los bajos de la silla y se puso de pie, pero ella seguía sin mirarlo a la cara.
Se dirigió con prestancia hacia los lavabos de caballeros y fumó en paz.
Tras el ventanuco podía observar que uno de los camareros alimentaba a una docena de gatos callejeros con la comida que él pagaba a noventa euros.