La historia aflora en Antella

Lunes, 13 de agosto de 2012 | e6d.es
• Antella se ha sumado a una iniciativa de varios países para reclamar a la Unesco que declare el transporte de troncos como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad
El Ayuntamiento de Antella se sumó hace unas semanas a una iniciativa vehiculada a través de varios países para reclamar a la Unesco la declaración del transporte de troncos por el río como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Lo hizo después de recuperar durante la Trobada d´Escoles en Valencià que se celebró en la localidad ribereña el pasado 22 de abril una tradición milenaria que se practicó en la Ribera hasta bien entrado el siglo XX, engarzando un comercio de gran importancia económica en los diferentes pueblos que se han situado históricamente a ambos lados del Xúquer. A la propuesta se han sumado, además, asociaciones de transportistas de Navarra, Aragón, Catalunya y Castilla la Mancha.A la largo de la historia, como recoge el investigador alcireño Tomàs Peris Albentosa en su estudio sobre la Ribera, la flotación de troncos por el Xúquer fue un sistema de transporte que disfrutó de mayor fortuna que la navegación, sin continuidad a partir del siglo XV. Durante la época islámica ya se observan referencias del transporte de material por el río. Piles Ibars, en su historia sobre Cullera, recogía las noticias de los geógrafos musulmanes que indicaban: «Hisn-Colina (el castillo de Cullera) está ya cercado por el mar, y es castillo inaccesible [...]. Al Edrisi, en el siglo XII, ya habla de las conducciones de madera desde los pinares de Cuenca. «Se cortan», dice, «las maderas, y se las hace bajar por el agua hasta Dénia y Valencia. Se las conduce por el Cabriel y Júcar hasta Alzira, y desde allí al fuerte de Cullera, donde entran en el mar, embarcándose para Dénia las que sirven para la construcción de buques y para Valencia las que, por ser gruesas, sirven para la construcción de casas». Algunos autores defienden que buena parte de la riqueza de la Alzira musulmana procedía del comercio de la madera. Algunos de los viajes de los madereros duraban hasta nueve meses y recorrían cerca de quinientos kilómetros.
La tradición se mantuvo en los siglos siguientes, durante la dominación cristiana. La actividad fue estimulada por una serie de privilegios €posiblemente de ascendencia islámica€ para asegurar el abastecimiento de la capital del Regne y del castillo de Xàtiva. Así, Jaume I concedía en 1267 a la ciudad de Valencia el derecho de ser proveída libremente de madera desde cualquier rincón del territorio valenciano y por cualquier medio de transporte, incluido el fluvial.
Desde 1261, toda la madera que descendía por el Xúquer estaba libre de lezda y peaje, pero debía pagarse a los oficiales reales el llamado «cinquentí» o «cinquanté», un derecho de navegación que consistía en una pieza cada cincuenta que bajasen. En 1321, Jaume II recordó, ante un intento de la villa de Cofrentes de cobrar una cantidad a los madereros por una partida de Castilla, «que el único cobro permitido correspondía al castillo de Xàtiva y se hacía efectivo al paso de los troncos por el vado de Barragá» (en término municipal de Alberic).  Leer noticia completa en Levante-EMV