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Martes, 15 de enero de 2019

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Voluntarias españolas resuelven las dudas de los niños con VIH en casas de acogida de la Fundación Vicente Ferrer

De los 2,1 millones de personas con esta enfermedad en la India, 60.000 son menores


Sonrisas, correteos, vestidos de colores, pendientes relucientes y trabajados peinados con flores. Cerca de 200 niños y niñas ocupan el exterior del Auditorio del Campus de la Fundación Vicente Ferrer en Bathalapalli. Algunos se han levantado a las 4 de mañana para venir hasta aquí porque hoy es un día especial, una fiesta en la que harán nuevos amigos, bailarán, cantarán, comerán bien y aprenderán cosas muy importantes para ellos. Sin embargo, el motivo no es tan alegre como podría parecer. Han venido a hablar sobre el virus que ha marcado, marca y marcará sus vidas: el VIH.
Esta es la primera jornada de la octava edición del encuentro de menores con VIH organizado por la FVF, gracias al impulso de tres voluntarias que año tras año vienen a la India para seguir mejorando y ampliando la iniciativa de la mano de los profesionales locales. Son Clàudia Fortuny, pediatra del Hospital Sant Joan de Déu y alma máter del proyecto; Ana Sáez, enfermera; y Marta Roig, profesora con experiencia en educación especial, infantil y primaria. “Es muy difícil cambiar la estructura y la mentalidad de la sociedad, pero poco a poco el trabajo va calando. El aspecto de estos niños no tiene nada que ver con el de los 40 que vinieron al primer encuentro hace ocho años”, comenta Clàudia esperanzada.
Tener el VIH en India supone un estigma con el que es muy difícil convivir. La desinformación y la discriminación campan a sus anchas, más aún en los entornos rurales de donde provienen estos jóvenes de la región de Rayalaseema.
“En casa me dicen que guarde mi plato, mi vaso, mi jabón y mis toallas aparte”. “Mi abuela no quiere hablar conmigo desde que sabe que tengo el VIH”. “Mi hermano insiste en que tenga cuidado de no escupir cuando hablo, porque cree que puedo contagiar a la gente con la saliva”. Son solo algunos ejemplos cazados al vuelo entre los corros que han formado los pequeños para compartir sus experiencias y preocupaciones.
“Estos niños no son queridos como nosotros entendemos el amor y el cuidado de las personas. Tienen muchas carencias emocionales y afectivas y cuesta que se abran”, explica Ana, “por eso queremos que el encuentro sea muy participativo y que los niños puedan expresar sus vivencias”. Y nos pone un ejemplo difícil de olvidar: “Tú les preguntas cómo están y te responden: Good, good (Bien, bien). Pero les miras a los ojos y les dices: No, no good. Entonces muchos se echan a llorar”.

Después de un par de juegos para conocerse y empezar a abrirse, niños y niñas se mezclan en varios grupos reducidos. Los trabajadores sociales y comunitarios de la Fundación les dan consejos sobre higiene y alimentación, les recuerdan la importancia de tomarse la medicación de forma regular, les explican que estudiar les facilitará ser independientes en el futuro y alejarse de los focos de discriminación y les insisten que se sentirán más felices y liberados si comparten sus inquietudes.
Cuanta menos gente hay delante, más fácilmente pierden la vergüenza y el miedo a hablar del virus. Y cuando alguien se lanza, el resto escucha con atención: “¿Me puedo casar con alguien que no tiene el VIH?”. “¿Si me quedo embarazada, cómo puedo evitar que el bebé se contagie?” La niña que lo pregunta no sabe que uno de los grandes éxitos del hospital de enfermedades infecciosas de la FVF en Bathalapalli es precisamente este: la reducción al mínimo de la tasa de transmisión vertical madre-hijo.
Según los últimos estudios del gobierno en 2017, actualmente hay unos 2,1 millones de personas con VIH en la India, de las cuales 61.000 son menores de 15 años. El estado de Andhra Pradesh es el segundo del país con un mayor número de personas portadoras del virus, unas 270.000, y el cuarto con más casos de mujeres embarazadas que han necesitado tratamiento para evitar la transmisión al bebé: cerca de 2.000 durante el año pasado.
Ante la emergencia de proteger a los menores rechazados por sus familias, la FVF creó en 2012 el orfanato de niñas de Bathalapalli y posteriormente el centro para niños en Kanekal, que acogen unos 50 menores cada uno. Allí se les proporciona un entorno seguro con atención sanitaria, educativa y psicológica. También se organizan reuniones de sensibilización con los familiares. “Es crucial formar a las familias, que están muy desinformadas y son muchas veces el origen del estigma”, nos cuentan Clàudia, Marta y Ana. Al tiempo que recalcan la necesidad de dar herramientas a los profesionales de la FVF con los que los menores tienen más contacto: “Ahora por ejemplo queremos introducir un protocolo para detectar casos de depresión y poder alertar a los trabajadores sociales”.
Marta, fiel a su alma de profesora, nos da más detalles: “La mayoría de dudas surgen cuando se van haciendo mayores, a partir de décimo curso. Es una época muy complicada, con un bachillerato súper competitivo que los hunde. Las academias son muy duras y allí no explican a nadie que tienen el VIH por miedo al rechazo”. “Además”, puntualiza, “el virus provoca muchas veces dificultades añadidas de comprensión y concentración”. La conclusión es clara para las tres voluntarias: “Deberíamos entender que no todos tienen que acabar haciendo una carrera, no todos pueden ser médicos e ingenieros. Hay que potenciar otras salidas profesionales que les motiven.”
La jornada se cierra con canciones, bailes, fotografías y abrazos con los nuevos amigos y amigas. Y al día siguiente, domingo, vuelta a empezar con otro grupo de casi 200 jóvenes. Todos se llevan un diploma de participación y un regalo muy especial: un corazón de tela hecho a mano. Por un día, estos niños y niñas han comprendido que el amor no entiende de virus.
Oriol Petit | Fundación Vicente Ferrer



 
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