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Domingo, 14 de junio de 2020

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Un juguete cambió mi vida

"Al final todo llega, simplemente hay que tener paciencia"




De pequeño mi madre decía que tenía manos que parecían pies porque tenía, no sé si la afición o mala costumbre, de romper las cosas. Los juguetes que podía los desmontaba para ver su interior y luego ya era imposible, en la mayoría de las veces, volver a montarlos.
Pero todo cambio cuando tenía siete u ocho años. Mi abuelo materno me regaló un juguete que cambió mi vida, ese regalo era un Exin Castillos, un juego de construcción de castillos que creo que todos conoceréis.
Aquello era maravilloso. Yo, un niño, tenía el poder de construir castillos. Todo ello derivó en otras cosas; los castillos eran construcciones de otra época, lo que también despertó mi amor por la historia. Aquello era algo sorprendente y yo sentía que había descubierto algo de lo que quería aprender más y más. Fue entonces cuando le dije a mi madre que quería ser arquitecto. Ella, siempre recordaré sus palabras, con cierta gracia me dijo: “con lo que a ti te gusta romper las cosas, ¿cómo vas a construir?” El resto ya forma parte de la historia.
Había en tercero de carrera una asignatura cuatrimestral que se llamaba ‘Demoliciones en la edificación’. Era optativa, pero no lo dudé, me matriculé con toda la ilusión del mundo y recordé mi infancia… cuando rompía las cosas… cuando mi abuelo me regaló el juego para construir castillos… cuando mi madre aludía a mi afición por romper cosas. Esa asignatura era sorprendente y me atrevería a decir que fue la única de toda la carrera a la que no falté ni una sola clase. Yo estaba en un sueño: ¡la arquitectura también servía para romper cosas! En clase seríamos unos sesenta alumnos y yo (no lo cito por pedantería) fui el que sacó la nota más alta de toda mi promoción, la asignatura en la que saqué la mejor nota de la carrera, si no recuerdo mal fue un 9’1.
Desde que acabé mis estudios siempre he deseado poder hacer el proyecto de una demolición… pero pasaban los años y no llegaba… hasta hace tres meses. Llegó, por fin, el trabajo tan deseado. Un proyecto para demoler en una parcela un muro de unos 180 metros lineales y 2 de alto, dos naves y una pequeña vivienda. Aunque ya hace años que estudié aquella asignatura durante este tiempo lo volví a recordar todo como si fuera ayer; especialmente a mi antiguo profesor de aquella materia José Luis Castellot, en su último año de docencia por la jubilación, con su larga barba blanca y ya tristemente fallecido desde hace algunos años. Puedo decir que he disfrutado como aquel niño que rompía las cosas para ver su interior.
El lunes entrarán las máquinas y en ese momento sonreiré… recordaré… y seguramente lloraré.
Al final todo llega, simplemente hay que tener paciencia.
Marino Baler
 
* Marino Baler es colaborador de El Seis Doble. Su espacio, aquí.

* Marino Baler es autor del blog "Pensamientos y más cosas".




El Seis Doble no corrige los escritos que recibe. La reproducción de este texto es literal; fiel a las palabras, redacción, ortografía y sentido del autor/es.
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