Shirisha: "Me gusta mucho estudiar y quiero ser profesora de telugu"

Jueves, 27 de agosto de 2015 | e6d.es
• Esta niña india con parálisis cerebral comienza el presente curso sus estudios secundarios en la Escuela Inclusiva de la FVF

“Estoy nerviosa”, le dice Shirisha a Saranamma, su madre. Y no es para menos. La próxima semana abandonará la que ha sido su casa durante los últimos 8 años y comenzará a estudiar en la Escuela Secundaria de Educación Inclusiva de la Fundación Vicente Ferrer (FVF). Su madre ha venido desde Dasuludiki, su pueblo, hace cuatro días para ayudarla con el traslado de colegio. “Tengo dudas de cómo le irá, estoy preocupada por saber si se bastará por sí misma”, confiesa.
Pero Shirisha lo tiene claro. “Me levanto a las seis de la mañana, me cepillo los dientes y me ducho sola. También me visto y pongo polvos de talco en la cara”, explica satisfecha. Después, sus cuidadoras le ponen el bindi en la frente y le hacen una trenza. Hoy su madre le ha traído jazmín parar prendérselo en el pelo.
Saranamma conoció la Fundación a través del vikalangula sangham de su pueblo. Estas asociaciones para personas con discapacidad funcionan como un foro de apoyo para reforzar su identidad y defender sus derechos. “Me di cuenta de que algo le pasaba a Shirisha cuando cumplió un año: no podía sentarse ni caminar”, cuenta. Entonces una fisioterapeuta del Sector Discapacidad le enseñó los ejercicios que debía realizar con su hija en casa. Seis meses después, cuando quedó una plaza libre, Shirisha ingresó en uno de los tres centros para niños y niñas con parálisis cerebral, discapacidad intelectual y autismo de la Fundación Vicente Ferrer.

Desde entonces comparte rutinas con otros 40 compañeros. “Por la mañana hacemos yoga. No me entusiasma, pero hay que hacerlo”, señala.  “Dos días a la semana voy a la escuela pública.
Me gusta mucho estudiar. Como de mayor quiero ser profesora de telugu (la lengua de Andhra Pradesh), practico ayudando a mis compañeros con los deberes”, sentencia confiada mientras ríe. Cuando vuelve del colegio comienzan las sesiones de entre 40 minutos y una hora de fisioterapia y rehabilitación en el gimnasio adaptado del centro. “Sé que tengo las piernas débiles y llenas de contracturas. Me duelen, pero creo que mejoro poco a poco”, dice mientras se señala los muslos. Después, le ponen unas prótesis del taller ortopédico para que se mantenga erguida. “Estoy de pie mucho tiempo. Incluso hago los deberes de pie”, matiza contrariada. Shirisha necesita potenciar su musculatura en ambas piernas para mantener el equilibrio. “Puedo caminar sola distancias cortas”, reivindica haciendo una demostración in situ de sus habilidades, “pero normalmente uso mi andador”.
Su madre también tiene sus obligaciones en este proceso. El día 25 de cada mes, ella y el resto de familiares visitan a sus hijas e hijos y reciben una formación del personal de la Fundación, durante la cual comparten sus emociones e inquietudes. La idea es que al volver a sus pueblos transmitan lo que han aprendido a sus vecinos: de este modo realizan una labor de prevención y contribuyen a acabar con el estigma social. “Ya no siento vergüenza por tener una hija con parálisis cerebral”, sostiene Saranamma. Shirisha y Saranamma forman un buen tándem de luchadoras. Las dos se esfuerzan porque Shrisha fortalezca su movilidad y coordinación. Y por favorecer su independencia.  “¿Estás contenta con la nueva escuela?”, le dice su madre. “Sí, mamá. Contenta y nerviosa”, responde Shirisha.
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