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Viernes, 17 de agosto de 2012

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Reflexión acerca de la violencia en el lenguaje deportivo y del fútbol

"Los medios de comunicación deben cumplir una triple función con respecto al público: informar, entretener y educar"

El discurso periodístico deportivo revive en cada partido esta vieja analogía con términos lingüísticos que connotan violencia, interpretando el juego arriesgado y creativo del fútbol como un acontecimiento militar. Es una guerra en la que se utiliza todo tipo de armamento ofensivo: fusiles, cañones, morteros, misiles, etc. Golpear duro el balón desde los once metros es “fusilar” el portero; un “tiro” duro al arco es un “cañonazo” o un “riflazo”; cuando un jugador falla en su intento de pegarle a la pelota se dice que “se le encasquilló el guayo”.

Muchos son los tratados que acerca del fútbol se han escrito. Todavía, hoy por hoy, incrustado en la dinámica económica del capitalismo salvaje, sigue siendo tema para profundos estudios y análisis. Paralelo a su origen se han generado espacios para la socialización de los seres humanos.
El desarrollo y evolución del fútbol, en esta última canturía y media de la historia de la cultura occidental, no han estado al margen del desarrollo mismo de las sociedades, en donde se incluyen también otras expresiones y fenómenos reiterativos en la dinámica humana por el planeta tierra como lo son los enfrentamientos bélicos entre dos o más bandos en conflicto.
Los deportes, y en especial el balompié, no han sido ajenos a ese fenómeno bélico. Muchos lo han catalogado como una metáfora de la guerra. La práctica deportiva como práctica civilizatoria, donde el conjunto de normas y “reglas de juego” se ponen en común, se comunican, para llegar a medios de concertación y de dialógica humana que ayuden e impidan la agresión y el hacernos menor daño posible, no ha logrado “cristalizar” un proyecto que le posibilite crear otros lenguajes menos agresivos, menos violentos. Unos lenguajes que permitan desarmar la palabra y no crear una “balacera lingüística”.

El poder de la palabra y el periodismo deportivo
Paralelo a la practica profesional del fútbol, se dio inicio a otra actividad que ayudó a su evolución y desarrollo: el periodismo deportivo.
Con el mismo discurso bélico, el cronista deportivo relata las grandes hazañas de sus héroes creando, con sus palabras, seres míticos con pies de barro.
Los Mayas tuvieron un Dios para las palabras. Los griegos y los romanos no. Para su desgracia (y, probablemente, la nuestra) tuvieron semidioses: aquellos héroes mitológicos a quienes colocaban entre sus deidades. Les atribuyeron virtudes que giraron entre lo humano y lo divino. El grupo humano prehispánico del sureste de México, Guatemala y Yucatán entendió, como ahora lo ahora lo hacemos, el gran poder que tiene la palabra.
Zvetan Todorov, lingüista polaco, asevera que las palabras crean realidades y que nada existe, ningún objeto del mundo real existe hasta que no sea nombrado. Muchos semiologos, apoyándose en las tesis de Todorov, han interpretado la Biblia y en su hermeneutica han coincidido con el lingüista polaco en ese “poder” que tiene la palabra.
Un poder que va más allá de un discurso grandilocuente, pues el lenguaje no sólo describe las cosas, hace que las cosas sucedan, el lenguaje es acción.
“Ese hombre tiene más poder que yo” dijo el Jaibaná Salvador para referirse al periodista Juan José Hoyos. Sí, el periodista y el periodismo tienen ese poder, sobretodo el de servir, para que no nos dominen con el miedo y el escándalo. Un poder entendido como un periodismo de servicio y no como un periodismo de destrucción, o de estragos, o de muerte.
Todas las consideraciones anteriores son las que tendremos en cuenta para tratar de reflexionar acerca del contenido violento de las palabras en el periodismo deportivo, especialmente en el medio radial, dado muchas veces por el mal uso del lenguaje.
Al contrario de lo que sucede en la prensa, medio en el cual se pueden editar y corregir los artículos; en la radio, especialmente en los programas que se emiten en vivo, y ante la inmediatez del medio, es difícil realizar la labor de “devolver lo que se ha dicho”.
El uso del lenguaje que hacen los periodistas deportivos radiales crea en los oyentes el convencimiento de que todo lo que dicen es correcto e incorporan todos esos términos a su vocabulario, aunque sean incorrectos.
Desde que iniciamos nuestra carrera hemos escuchado decir que los medios de comunicación deben cumplir una triple función con respecto al público: informar, entretener y educar.
En lo que tiene que ver con los programas deportivos radiales podemos decir que cumplen con la parte de la información, y esto se puede deducir con sólo hacer un recorrido por el dial, en el que se encuentra variedad de estilos, enfoques y horarios, con un amplio contenido y, además, gran cantidad de pauta publicitaria.
Con el entretenimiento podemos afirmar, de igual manera, que están cumpliendo, lo que se deduce de los resultados de estudios de sintonía, en los que los resultados de este tipo de programas siempre ocupan los primeros lugares, hecho que se ve reflejado también en el tema de la pauta publicitaria que ya tocamos en el punto anterior.
Pero cuando miramos la tercera parte del enunciado, la de la educación, nos encontramos con que el lenguaje que utilizan los periodistas deportivos radiales está plagado de vicios e incorrecciones, que al salir al aire por prestigiosas emisoras y cadenas y de la boca de comunicadores con trayectoria, se convierten casi en dogmas de fe para los oyentes, que los incluyen en su vocabulario como válidos, con lo cual el resultado es contrario: en lugar de educar contribuimos con la perversión del uso del lenguaje.
Podemos citar algunos de esos casos de ese mal uso en los espacios deportivos: Extranjerismos, Dequeísmo y anti dequeísmo, neologismos, mal uso de las contracciones y mal uso de los términos por desconocimiento de su significado.
El deporte, como expresión moderna, ha logrado penetrar y permear todas las esferas sociales. Cuando a fines del siglo XIX, y en plena “Era Victoriana”, en Inglaterra se incorporaron éstos modelos de asociación y socialización de las elites pocos “preveían” que lo que les servía como solaz, sosiego y “uso de su tiempo libre” se convertiría un siglo después en un negocio lucrativo y un espectáculo, que seguirían con mucha curiosidad un cúmulo de personas en todo el mundo.
El lenguaje deportivo es herencia de esa realidad, en especial anglosajona. Muchos de los conceptos y términos vienen del “viejo continente”, especialmente de Inglaterra y existe la dificultad de la adaptación de estos términos y de la incorporación de determinadas innovaciones, no siempre acertadas. Veamos algunos ejemplos:
Amateur: Deportista aficionado que practica y participa por placer o amor al deporte sin esperar recompensa.
Backspol. (Softbol y Béisbol). Valla o malla situada detrás del receptor.
Ball Trap: (Tiro) Aparato para lanzar paltos u objetos.
Catcher: (Béisbol y Softbol). Receptor.
Clinch: (Boxeo) amarrarse, abrazarse o cogerse los boxeadores entre sí.
Chalenger: Retador.
Cross Country: (Atletismo). Carreras con Obstáculos a campo traviesa.
Derby: (Equitación) Carrera de Milla y media para potros de menos de tres años.
Flicflac : ( Gimnasia). Ejercicio gimnástico que consiste en realizar un volteo hacia atrás partiendo de la posición de pie.
Fly: (Béisbol y Softbol) . Cualquier bola bateada que se eleva en el aire.
Home Run (Béisbol y Softbol). Plato, base, meta, lugar de partida y llegada de los corredores.
Machpoint: (Tenis de campo). Punto de partida.
En cuanto al dequeísmo y al anti dequeísmo encontramos que es común escuchar en los programas deportivos frases como “estoy seguro que el equipo mejorará…”, “pienso de que se ha hecho un buen trabajo…”, etc.; cuando lo correcto sería decir “estoy seguro de que…” y “pienso que…”.
Un truquito para identificar cuando se debe usar de antes de que, consiste convertir la oración que vamos a escribir o a pronunciar en pregunta: si queremos referirnos a estar seguro de algo entonces nos preguntamos ¿de qué estoy seguro? Si vamos a hablar de pensar en algo entonces preguntamos ¿qué pienso?
También es frecuente el mal uso de las contracciones gramaticales. El español sólo tiene dos contracciones: al y del, que surgen de unir las preposiciones a y de con el artículo el, y cuyo uso casi nunca es correcto en el discurso deportivo. Por ejemplo se dice “el jugador fue transferido a el América de Cali…” o “el jugador ya es de el América de Cali…”. Lo correcto es decir: “al América…” y “del América…”. La excepción de esta norma se da cuando se habla de nombres propios que incluyen el artículo el: “el atleta viajó a El Santuario…”, “…el jugador fue transferido a El Nacional del Ecuador…”.
Los narradores y comentaristas deportivos caen con frecuencia en el error de utilizar términos que les escuchan a sus colegas, sin preguntarse si esa palabra existe o si significa la que se quiere expresar. Es común escuchar la palabra “falencia” cuando a lo que se refieren a una carencia de un deportista o de un equipo, por ejemplo: “la principal falencia del poderoso es que no tiene un volante de creación…” y si buscamos el significado de falencia encontramos que este término quiere decir error y quiebra de una empresa.
En la pasada final del fútbol profesional colombiano se puso de moda la palabra revulsivo para referirse a un equipo que jugaba mal en el primer tiempo pero en el segundo cambiaba totalmente: “por fortuna el Medellín es un equipo revulsivo y en el segundo período mejorará su actuación…”. Revulsivo es derivado de revulsión, que significa irritación local provocada, ¿o sería qué los comentaristas querían expresar que el Medellín es un equipo que provoca irritaciones locales? En ese caso no sería una fortuna ni para el Medellín ni para sus hinchas.
Al fútbol colombiano vienen muchos jugadores argentinos con gran cantidad de términos que de inmediato ingresan al listado de palabras de nuestros cronistas deportivos, quienes los usan sin detenerse a indagar acerca de sí son correctos o no. En esta categoría encontramos entreno en lugar de entrenamiento y revisación médica en vez de revisión médica, para sólo mencionar dos perlas de las muchas llegadas desde el sur del continente.
Otro vicio muy arraigado en el periodismo deportivo es el de convertir los sustantivos en verbos, por ejemplo el sustantivo recepción que es la acción de recibir, fiesta que se ofrece en honor de alguien o de unos recién casados, sitio de admisión en edificios y oficinas, se convirtió en el flamante verbo recepcionar: “el delantero recepcionó con el pecho y remató al arco…”, “el balón surca las nubes y Valderrama recepciona con la pierna derecha…”.
Con respecto al lenguaje, Hugo Ramírez Ospina, psicólogo antioqueño, indica que: “ no es tan inocente como nosotros creemos. El lenguaje hace que las cosas sucedan, es acción. Por eso en la ontología del lenguaje se habla de que nosotros somos lo que somos por el lenguaje” . Y agrega el psicólogo “paisa”: “Yo le digo a una persona ‘perdón’ y cambio cuatro años que perdí con ella. De pronto le digo a otra persona ‘gracias’ y solamente esa expresión cambia mi relación con ella y yo me encuentro con una persona y trabajo cinco años con ella, y de pronto le digo ‘tu me gustas’ y mañana el encuentro de nosotros es diferente”.
Nos enteramos a través de los medios de comunicación que nuestro país está en crisis, que el clima es denso y muy convulsionado. El lenguaje que escuchamos depende de quien está haciendo el planteamiento. Es así, para dar un ejemplo, que los muertos de la guerrilla son bandoleros para el ejército, si los muertos son del ejército, fueron salvajemente asesinados por la guerrilla.
En todo este proceso tan agresivo, de guerra, que estamos viviendo, debemos, entonces, tener presente el lenguaje. Yo pienso que no podemos hacer paz mientras no cambiemos las estructuras lingüísticas. Nosotros somos lo que somos por le lenguaje. Primero se planteaba que el hombre es un ser racional, hoy se dice que el hombre es un ser lingüístico. El lenguaje nos constituye en lo que somos nosotros.
La psicología popular tiene una frase muy bonita: “Dime cómo hablas y te diré quien eres”. El lenguaje de un pueblo es el reflejo de su alma. Nosotros difícilmente saldremos de un proceso conflictivo mientras estemos en una balacera lingüística en todos los dominios del saber.
Esta situación la estamos percibiendo en el terreno del deporte, es que la actividad muscular ni siquiera escapó de ese lenguaje agresivo. Cuando estamos en fútbol escuchamos expresiones como éstas: tiro de esquina, fusilaron al portero, el jugador hizo un disparo, el delantero sacó un riflazo, el balón como una bala atravesó la red. Es decir, un lenguaje totalmente bélico.
Los periodistas deportivos emplean un código connotativo plagado de figuras retóricas. Este código está formado por varios subcódigos: El subcódigo militar-patriótico, el económico, el erótico, el cultural-artístico, el festivo-cotidiano, el religioso-mágico. Cada subcódigo es un universo de referentes poéticos, en catalogo de figuras con los cuales se compara la acción de los jugadores y la actividad que se genera en el partido de fútbol.
En el primer subcódigo, el fútbol es una actividad análoga a un rito guerrero, es un “duelo” entre iguales. El discurso periodístico deportivo revive en cada partido esta vieja analogía con términos lingüísticos que connotan violencia, interpretando el juego arriesgado y creativo del fútbol como un acontecimiento militar. Es una guerra en la que se utiliza todo tipo de armamento ofensivo: fusiles, cañones, morteros, misiles, etc. Golpear duro el balón desde los once metros es “fusilar” el portero; un “tiro” duro al arco es un “cañonazo” o un “riflazo”; cuando un jugador falla en su intento de pegarle a la pelota se dice que “se le encasquilló el guayo”. En la cancha hay dos ejércitos (dos escuadras, dos legiones) que, respetando las reglas como en lo combates antiguos tratan de llegar hasta el fondo del territorio contrario, aspiran a derribar las últimas posiciones enemigas. El vencedor impone el orden y somete al otro.
En las confrontaciones internacionales entre seleccionados nacionales, el prestigio del país está en juego. Son un campo abonado para la expresión de un nacionalismo cerrado y agresivo. El espectáculo deportivo es un ritual de confrontación que se dirime en un terreno convencional (en un terreno neutral, una cancha de fútbol y un estadio). El equipo se compara con un ejercito que conquista glorias y honores para el país o la región, que ataca (“no da un brazo a torcer”), que defiende su territorio (“al invasor”). Como el triunfo se premia con condecoraciones, la derrota es una vergüenza: es “una página oscura de la historia”, un desastre histórico. Los jugadores son héroes gloriosos (“los once leones que se batieron”) símbolos patrios que exaltados hasta el límite del valor lo entregan todo.
En el subcódigo económico el equipo cuando triunfa es “una maquina que crea riqueza”, es una ”fábrica de goles”. A lo largo del partido el jugador “ahorra” “gasta” o “administra sus energías”, “explota sus recursos”, “produce resultados”. Cuando un jugador tiene una actuación deficiente y de un momento a otro hace un jugada brillante se dice que “saldó la deuda con el público”; un buen portero “es un garante”; el desempeño de un equipo se traduce en que se le “contabiliza” las oportunidades de gol, se le “hace un balance positivo o negativo” después de cada jornada ; cuando se gana “se logra la eficiencia , se “logra un buen coeficiente”. Hay otros conceptos económicos como: “hace un buen negocio”, “bonifica”.
Además, la relación del hincha con su equipo es vista como una relación amorosa: como un ídolo. El eros y el thanatos, el amor y la muerte se expresan en la cancha. En el subcódigo erótico el gol como un coito, es un ascenso repentino que desemboca en un clímax explosivo. El balón “besa la red”, “acaricia las manos del portero”; el gol es como una ruptura del himen, la portería que no ha sido vencida “permanece virgen y “el primer gol es como el primer amor” pues se conserva en el recuerdo para toda la vida. Quien tiene la posibilidad de ganar “acaricia el triunfo”. “La pelota es como una mujer: vamos a ver quien la trata mejor”. “El que busca durante todo el partido la pelota y la mete a la red y hace el gol “se saca la espinita”.
También, es frecuente hacer referencia al discurso religioso, a los ritos litúrgicos y el corpus doctrinal del catolicismo. Con estas comparaciones la fiesta profana del balompié, se sacraliza. El partido tiene ecos mágicos: el director técnico “tiene la varita mágica para cambiar el accionar del equipo”, en le campo “se realizó un conjuro”, el jugador estrella “está dotado de una chispa divina”, con su ingenio y buena suerte “puede hacer un milagro”, el equipo tuvo “que traer una camándula para contar los goles”. Un gol difícil es “esperar un milagro”. El estadio es “la cancha sagrada”, “la catedral” o “el templo”, es el lugar del culto; jugar de visitantes y ganar es “profanarlo”. El gol es el objeto principal del culto. Los goleadores celebran sus anotaciones de rodillas y con las manos levantadas dando “gracias al altísimo” Cuando se inicia el partido y la suerte está echada “que sea lo que Dios quiera”. Las derrotas en un campeonato o evento internacional también tienen analogía religiosa: cuando un equipo favorito pasa a decepcionar a su público se dice que “fue al cielo y se devolvió”, “pasó de las puertas del cielo a las del infierno”. El árbitro tiene un perfil sacerdotal, los asistentes arbitrales son sus coadjutores . El árbitro condena con la tarjeta roja que e convierte en “un pecado mortal” o con la tarjeta amarilla que es “un pecado venial”.
Lo anterior con respecto a los subcódigos en el lenguaje deportivo, de los que habla el semiólogo y comunicador Federico Medina Cano. La prensa escrita no ha escapado a este flagelo del lenguaje agresivo y violento. Hemos hecho un sucinto análisis de este tipo de lenguaje en el periódico. Hay titulares y frases como éstas: “Mañana Antioquia en la pelea” ¿y quién dijo que íbamos a pelear, cuando lo que realmente era que nos íbamos a reunir con otras personas y a disfrutar de otra cosa?; “crucial choque futbolero”, es que cuando uno se imagina que hay un choque, ya de lo que se está hablando es de damnificados, de agresión y de sangre y de terrorismo.
Cuando se dice esta frase: “el equipo tiene en sus filas a Rubencho”, es que filas es una cuestión marcial. Se imagina que es un soldado y no un futbolista. Hernán Darío Gómez, director técnico de la selección ecuatoriana de fútbol, dio estas declaraciones antes del partido contra Brasil: “Mañana saldremos con todas las baterías al campo de batalla, porque daremos la guerra hasta el final, vamos a quemar los últimos cartuchos”. ¿Cuál es la diferencia de esto con una quema de una población? ¿Cuál es la diferencia de esta expresión lingüística con una masacre en un poblado? La gente se prepara para un partido, como los televidentes, cuando la guerra del golfo Pérsico, que la pasaban por televisión: era otro programa más de suspenso.
Solamente analicemos los sobrenombres de algunos deportistas y eso le da la idea a uno de por dónde estamos caminando: “El Bombardero” de Barranquilla; ¿Pero que tiene que ver una persona con mucha potencia en sus piernas con una maquinaria bélica?; “El misil” Restrepo, ¿Qué puede sentir una persona con ese nombre?; “El matador” Salas o “El Panzer” Carvajal; como si esto fuera un escuadrón o una unidad alemana que está en conflicto bélico con otras personas. Otro apelativos como “El artillero del equipo”, “El Búnker” de la selección, “El estratega de la escuadra”, son otros claros ejemplos de lenguaje bélico del balompié.
Observemos el boxeo. Sólo con decir: “mañana será la pelea” ya se indica que no es un deporte. No es la agilidad de la persona que tiene una filigrana corporal para hacer un deporte, sino que es un combate: “mañana va a haber un combate”, exactamente como pasa en las montañas de Colombia. Que el boxeador bajó la guardia o Asalto como las secciones, los segmentos en que se divide un encuentro de boxeo, ¿un asalto?, uno se imagina un atraco.
Además, y en ese mismo orden de ideas, cuando el "pecoso" Castro dirigía al Cali, era un técnico mañoso y tramposo, pero cuando vino al Medellín, era un gran estratega.
Calero era un payaso en el Cali, pero era el "show-man" Calero en el Nacional.
Recodamos que Antony de Melo, a través de uno de sus personajes, manifestaba que si alguien de otro partido llegaba al nuestro, era un converso. Y que si alguien se retiraba de nuestro bando, era un traidor.
Todo depende del cristal con que se mire. El deporte es confrontación, competencia individual o colectiva. El deporte es un sustituto, es sucedáneo de la guerra.
Los términos que se escuchan en la transmisión radial futbolera obedecen más a los de una batalla: dispara, ataca, patea, defiende, pega fuerte, agrede, enemigo, cuchillada, etc. En síntesis, es un lenguaje guerrero, se habla de falta y de castigo.
Uno no puede decir: el jugador levanta la pierna y con su guayo toca el balón tan fuerte que llega al rincón donde el arquero no puede llegar, lo único que uno puede decir es dispara. El deporte como sucedáneo de la guerra contiene un lenguaje guerrero, una actitud guerrera que predispone a los contendores a eliminar al contrario sin consideración alguna, pues se trata de vencer al oponente a como de lugar.
Los juegos olímpicos nacen en la Grecia antigua. Los pueblos que mantenían disputas, que se iban a la guerra según la necesidad, se idearon una forma de pelear sin arriesgar muchos muertos, eligiendo a un representante por bando para que se enfrentaran en una lucha. El pueblo victorioso era el del gladiador ganador. La lucha de David y Goliath.
Con el tiempo, se fueron ideando diversas competencias en las que se podía demostrar la destreza, el poder, la inteligencia, la fuerza, fue así como fueron naciendo los juegos olímpicos. Se realizaban para unir los pueblos, para zanjar las disputas internas, para dar término a todas las dificultades que obstaculizaban la terminación de un acuerdo.
En un mundo convulsionado, en que los odios étnicos, culturales y religiosos están al orden del día, el deporte como expresión de identidad, se convierte en instrumento político que esgrimido y manipulado por los gobiernos, exacerba los ánimos y fomenta un malentendido patriotismo que decanta en chauvinismo y xenofobia patentizado en las barras bravas y los grupos neonazis o cabezasrapadas.
La globalización ha hecho que la gente responda a esta invasión neoliberal con tradiciones de la cultura local. En los Estados Unidos, en los últimos quince años no se ha creado un solo puesto de empleo. La crisis es mundial.
Los hinchas manipulados por agitadores anarquistas son capaces de matar diluyendo la culpa pues lo hacen en grupos considerables, luego nadie es culpable. Los medios tienen gran incidencia en este comportamiento. Las arengas son en contra del oponente.
El deporte, concebido al principio como reemplazo de la guerra, tiene que ser constructor de paz y no de violencia. Y para hablar de paz, necesitamos de una zona de despeje lingüístico, en donde tuviéramos tener, por lo menos, acantonadas a las personas que están haciendo ese daño.
Pero... ¿Quiénes son los “culpables” de esta balacera lingüística?
Federico Medina Cano, semiologo y profesor de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Pontificia Bolivariana, indica que en la transmisión deportiva se articulan dos tipos de discursos: la narración y el comentario. No son independientes, los dos se integran aunque cada uno de ellos cumple una función diferente.
En la narración el sujeto de la enunciación en la transmisión deportiva asume frente a los sucesos a los que debe referirse una actitud narrativa. Lo que ocurre en el terreno de juego lo acomoda el narrador a la s reglas, a los códigos, a los modelos de narración conocidos, la acción se estructura según un orden temporal. Sigue la acción paso a paso y construye, en su discurso, la secuencia lineal de los sucesos, con sus actos grandes o pequeños. Su actividad está determinada por la unidireccionalidad del tiempo.
Cuando el periodista elige la estructura narrativa le impone a los hechos un determinado formato. Toda narración es una instancia cultural que se sobrepone a la realidad con el fin de hacerla comprensible y legible. El narrador es un fabulador que en su trabajo selecciona, omite arbitrariamente parte de los acontecimientos y recompone lo ocurrido.
El comentario es un tipo de discurso diferente a la narración y obedece a lógicas distintas. Es mucho más libre e imprevisible. Como un juicio sobre la acción es más abierto en su formal. Es un discurso interpretativo y valorativo que acompaña la narración. No está determinado por el tiempo ni busca la secuencia temporal. Es atemporal. El comentarista interviene sólo cuando la acción lo requiere; analiza, recapitula, evalúa, pronostica, hace conexiones con otros partidos, busca antecedentes y consecuentes de lo que ocurre en la cancha.
El narrador acompaña la acción casi inmediatamente se produce; el comentarista hace un corte en la acción y con la información que posee desentraña el sentido último de una jugada y su trascendencia para el equipo.
Los locutores (narrador y comentarista) se caracterizan por su tono ponderativo y ennoblecedor. La narración la llenan de dramatismo y la cubren de emociones, la embellecen y la presentan del modo más sugestivo y minucioso con su lenguaje pintoresco, su fluidez verbal, su embriaguez lírica, magnifican lo ocurrido, dan testimonio de lo grandiosos de las acciones, del camino arduo hacia el gol.
En el discurso de los locutores deportivos, las alusiones, comparaciones y metáforas con todas las manifestaciones de la vida cotidiana son constantes. Es un verdadero discurso fáctico en el que la verborrea y toda la retórica literaria son utilizadas para mantener la comunicación.
Nosotros somos el lenguaje. El lenguaje es energía. El lenguaje nos constituye en los seres que somos. De ahí esa zona de despeje que proponemos. ¿Será posible?
Roosevelt Castro Bohórquez
Periodista y comunicador social
Colaborador de Clan de Fútbol
El Seis Doble no corrige los escritos que recibe. La reproducción de este texto es literal; fiel a las palabras, redacción, ortografía y sentido del autor/es.
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