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Viernes, 6 de julio de 2018

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Los huesos del caudillo

"Después de tanto tiempo todavía nos da cierta cosa hablar de alguien que mantuvo al país sometido 'manu militari' 40 años"


Ando leyendo las propuestas que van saliendo al respecto  de “desahuciar al caudillo” del Valle de los Caídos. Y aunque parece que ahora va en serio por las teles lo dicen (algunas, otras ni el murmullo del viento entre las ramas) como si de un crimen se tratase,  en voz baja, como de tapadillo. No entiendo como después de tanto tiempo todavía nos da cierta cosa hablar de alguien que mantuvo al país sometido “manu militari” durante cuarenta años, es como si el temor estuviese todavía impregnado en el ADN. Cuarenta años en los que todo el que levantaba demasiado la voz notaba el peso del puño de hierro que todo lo alcanzóIgual va y soy un sectario, pero no entiendo la razón que hay para que no solo no se trasladen sus restos sino que algunos pretendan que ni hablemos de ello. De verdad que todavía he oído estos días a personas mayores te señalaban con el índice delante de los labios como el poster de la enfermera que había en todos los ambulatorios “shhhh que te pueden estar escuchando”, ese gesto, ese temor cuarenta y pico años después dice mucho de lo que sucedió. Puede que esa sea una razón más para cubrir con la tierra de la “normalidad” todo esto y permitir que sus restos (si queda algo) sean depositados lo más respetuosamente posible en el cementerio de El Pardo, junto a los restos de esposa y el resto de su familia. Con respeto, algo que él jamás hubiese tolerado vista su forma de “gobernar” a base de palizas, desapariciones, paseillos,  cunetas y un terror que cuarenta y dos años después todavía se puede palpar. Sacarlo y llevarlo con los suyos sería mostrar mucho más respeto y civismo  que el que él mostró a cualquier ser humano cuando no le tembló el pulso para firmar condenas de muerte.
Pero por otra parte lo que no comparto es la idea de la dinamita.  Eso sería empezar a olvidar lo inolvidable. Resulta ser que ese espanto se empezó a construir en 1940  arrancando el dinero a nuestros padres y abuelos a base de cartilla de racionamiento en la que se marcaba con una crucecita el hambre creciente al que se sometía a las familias. El dinero que quedaba después  de las corruptelas  se destinaba a construir el valle donde hasta 1950 se deslomaban presos políticos, mano de obra con la que se forraron algunas constructoras cuyos dueños son recordados paseándose a bordo de su Mercedes XXL por las tierras castellanas. La choza nos costó a todos unos 1.100 millones de pesetas de la época pagados en sangre, terror, miseria y enfermedades. ¿Crees que eso puede olvidarse? El Valle de los Caídos no se puede destruir, y aún menos convertirse en un lugar de reconciliación nacional, porque nunca lo fue y sería pervertir la historia de una guerra infame en la que los que se creían investidos con la legitimidad venida directamente de Dios (Cruzada le llamaron en pleno SXX nada más y nada menos) aplastaron a los vencidos sin ningún tipo de “espíritu de reconciliación” seria como intentar hacer colar una peli de Béla Lugosi en un festival de dibujos animados, no cuela. Conviene que no se olvide porque se construyó para que no olvidemos ni un momento y no lo haremos, no olvidaremos que en el están enterrados (tirados más bien vistas las dificultades en retirar algunos restos) los huesos de unos cuantos centenares de republicanos que se rapiñaron sin permiso de sus familias, sólo por la voluntad de alcaldes, señoritos o falangistas de congraciarse con el régimen y así poder conseguir “favores” de todo tipo y que puede que todavía les duren.
Franco se gastó en las obras el dinero que arrambló a base de permitir el hambre, a base de racanear en escuelas, hospitales o atención a los necesitados. Esa fue la opción del régimen, construir algo al estilo de Faraón. Podría haber sido otra pero eligieron esto. Nuestros hijos y nietos tienen derecho a saberlo, a conocer lo que ocurrió, a poder tocarlo. Derribar ahora la cruz sería permitir el olvido del pasado dentro de algunas generaciones y  la privación de poder juzgar por donde hemos pasado. Los restos del dictador y sus subalternos pueden salir de Cuelgamuros si se quiere pero el espíritu de lo que hizo, jamás. Para bien o para mal, la Historia es la que és y no somos quienes para privarles de ella a los que van a venir después y más visto como se están poniendo las cosas en Europa, con tanto fantoche, con tanto olor a bolitas de Alcanfor. Más nos vale mantener aquello en pie, aunque sea para recordarles que pasa si les dejamos campar a sus anchas.

Salva Colecha
 
* Salva Colecha es colaborador de El Seis Doble. Su espacio, aquí.
* Salva Colecha es autor del blog "
En zapatillas de andar por casa".



El Seis Doble no corrige los escritos que recibe. La reproducción de este texto es literal; fiel a las palabras, redacción, ortografía y sentido del autor/es.
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