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Viernes, 19 de mayo de 2017

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Hijos de la violencia de género

La violencia de género va más allá del hecho en sí del asesinato, es todavía más cruel... sobre todo con los más pequeños


Hace ya un año y pico, recuerda que era antes de que floreciesen los almendros, cuando a Miguel le cambió la vida. Desde “aquello” ya no era el mismo. Antes por lo menos, no se lo veía salir del portal agobiado, corriendo hacia la Farmacia para comprar pañales para Marieta o unos parches para el pantalón del uniforme de Jaime, que es un trasto y la cosa no está como para ir al Primark todos los meses. En la cocina tenía un calendario de esos que tienen una foto de un paisaje de “nosedonde”, de los de propaganda, en él hay marcadas fechas para que no se olviden, cada semana el economato del barrio, donde consigue algo de leche para la enana, una vez cada quince días presentarse al paro. Importante porque ya veremos de que vivimos cuando se le acabe el subsidio que es lo único que entra en casa.
Miguel siempre dice en el súper que aunque no coma él un día no pasa nada pero los peques, esos no son lo mismo. Le prometió a su hermana, en su velatorio, que cuidaría de ellos, que con su tío tendrían a un padre y una madre “todo en uno”, que los sacaría adelante y que no permitiría jamás que cayesen en manos del animal asesino que se llevó la vida de su hermana, aunque muchas veces se quedaba pensando en cómo se lo explicaría, ¿cómo contarles que eran hijos de la violencia de género?. Miguel no se sacaba de la cabeza cuando él mismo llamó al 016 y su hermana no quiso denunciar, (mira que se lo advirtió “Mari, este no es trigo limpio, Mari, denuncia… Hasta que fue tarde). Todos en el barrio saben que Miguel es hombre de palabra, que es de los que cumplen y que, por lo menos los niños no quedaban tirados. Ahí estaba su tío, como siempre, para lo que fuese, para llevar adelante a lo único que quedaba de su familia después de que los abuelos de los niños los dejasen en accidente de circulación hará ya unos mil años. Miguel se enfrentó a todo con la ayuda de un buen amigo, Feliciano, que le ayudó con todo el papeleo para poder quedarse con los peques y que no acabasen en cualquier orfanato o “centro de menores” que queda más fino, ya habían sufrido lo suyo. Menos mal que el amiguete no le cobró, porque no es que le sobrase el dinero precisamente y además el gobierno llevaba denegándole la pensión de orfandad para los niños diciendo que la difunta no tenía suficiente tiempo cotizado a la Seguridad Social, por lo visto hasta para ser asesinada y que tus hijos no queden en el más absoluto de los desamparos hace falta un tiempo de cotización .
Supongo que yo, como muchos, no habíamos reparado en que la mayor de las lacras sociales que padecemos hoy en día, la violencia de género va más allá del hecho en sí del asesinato, es todavía más cruel. En las noticias aparece un caso nuevo de asesinato machista, horrible, deleznable pero lo que puede que no se nos cuente demasiado es qué ocurre el día después, cuando se apaga la luz de los cirios del velatorio, cuando ya no se es noticia. ¿Qué hacemos con los niños? Los peques, los que ven como se han quedado sin madre, los que han vivido en algunos casos como el padre ha asesinado a la madre se quedan solos, sin su familia y al albur de lo que pueda acontecer. Es ahí cuando en muchísimos casos reverdece nuestra raíz mediterránea (espero que no la perdamos nunca) y nos surge del corazón aquella frase que llevamos impresa en nuestro ADN “a la familia se la cuida” y es entonces cuando aparece Miguel, o Javier, o Emma, o María… un familiar dispuesto a dar un paso al frente y afrontar la que se le ha venido encima, es padre de repente y ha de llevar adelante unos niños que no estaban en los planes. Resulta indignante ver como en momentos como este nuestros Gobiernos no parecen dispuestos a arrimar el hombro, a pesar de que en algunos casos la situación es consecuencia de su propia inoperancia (si, pienso que en ocasiones “tienen la culpa” de las muertes porque fallan en las medidas de protección). En esos momentos en los que deberíamos anteponer la humanidad a la burocracia van y nos sacuden con papeleos y denegación de ayudas al que se ha encontrado con la prole inesperada. Las excusas para dejar desamparados a los menores (42 el año pasado) son tan peregrinas como que la difunta no había cotizado a la Seguridad Social sin que les importe la situación en la que quedan los peques, más todavía si tenemos en cuenta que su progenitor superviviente es un maltratador que acabará en la cárcel, con todo el golpe emocional para los niños y para la familia que afrontará este desastre. En cualquier país civilizado ni se discutiría el echo de que esos niños merecen ayuda pero claro, vivimos en uno en el que las Cortes (nuestros representantes electos) llegan al punto de reprobar nada más y nada menos que al Ministro de Justicia, al Fiscal General y al Fiscal Anticorrupción en un mismo lote sin que aquí se mueva un dedo y eso, eso no ocurre ni en algunas dictaduras bananeras.

Salva Colecha
 
* Salva Colecha es colaborador de El Seis Doble. Su espacio, aquí.
* Salva Colecha es autor del blog "En zapatillas de andar por casa".


 
 

El Seis Doble no corrige los escritos que recibe. La reproducción de este texto es literal; fiel a las palabras, redacción, ortografía y sentido del autor/es.
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