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Lunes, 15 de octubre de 2018

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Fotografía española contemporánea (8) | Joan Fontcuberta: metafotografía y postfotografía

"Mi trabajo es metafotográfico, porque es un trabajo que emerge desde la fotografía para analizar la fotografía misma"


Desde sus orígenes, la vida de Joan Fontcuberta (Barcelona, 1955) ha estado marcada por la fotografía. El azar quiso que su madre recibiera una fotografía de carnet de su padre, sin conocerlo previamente, y se enamorase de él. Gracias a esa fotografía que se conserva en el álbum familiar de los Fontcuberta, tenemos entre nosotros a uno de los fotógrafos y ensayistas españoles más carismáticos, divertidos y lúcidos de todos los tiempos, creador de una obra extensa que le ha llevado a recibir de manos del Ministerio de Cultura el Premio Nacional de Fotografía en 1998 y el de Ensayo en 2011.
Sus trabajos han tratado siempre sobre el propio medio fotográfico y el poder de la imagen. Fotografía que habla de la fotografía, del proceso fotográfico y el impacto en el espectador: metalenguaje fotográfico o metafotografía. En sus primeras obras, realizadas a finales de la década de los años ochenta y principios de los noventa del pasado siglo, jugaba con las propias características del negativo y del papel fotográfico para mostrar su materialidad y posibilidades en la imagen positivada resultante. En Frottogramas, Fontcuberta frotaba el negativo sobre el propio elemento fotografiado, con la intención de mostrar tanto lo fotografiado como las heridas que causa sobre el negativo: «asesinar la fotografía: vérselas ahora con la materia y el gesto».
Otra característica de la obra de Fontcuberta es el constante juego entre los límites de la realidad y la ficción; representa una realidad inventada que nos ofrece como auténtica, mediante la creación manual y artesanal de una realidad inexistente que luego fotografía: mediante la muestra real de imágenes que asemejan ser lo que no son, o mediante montajes fotográficos creados en el laboratorio. Sirvan de ejemplo trabajos como Herbarium, donde muestra fotografías de una supuesta catalogación de plantas creadas por él mismo, mediante el ensamblaje de piezas de plásticos, trozos de plantas reales, desecho industrial o miembros y huesos de animales. Constelaciones ofrece una serie de cielos estrellados perfectamente creíbles, en los cuales identifica y ubica estrellas y constelaciones reales; sin embargo, estas estrellas resultan ser realmente impactos de insectos en el parabrisas de su vehículo, que fue atesorando mientras conducía en verano por la autopista y que registró en papel fotosensible obteniendo los fotogramas definitivos. En Fauna, junto al también fotógrafo y escritor Pere Formiguera, decide reconstruir y mostrar un supuesto archivo encontrado, perteneciente a unos científicos ficticios, repleto de criaturas sorprendentes consecuencia de la mutación o evolución de especies conocidas; el resultado fue una instalación multidisciplinar compuesta por fotografías, esqueletos, documentos escritos, dibujos, radiografías e instrumentos de laboratorio, que justificaban el descubrimiento de aquel archivo inexistente. En palabras del propio Fontcuberta: «Fauna propone en definitiva una reflexión no sólo sobre los modelos de lo real y la credibilidad de la imagen fotográfica, sino también sobre el discurso científico y el artificio subyacente a todo dispositivo generador de conocimiento».
Llegados al siglo xxi, Fontcuberta se interesa por la fotografía digital, su uso en Internet y la creación de imágenes generadas por programas informáticos, poniendo en duda así conceptos como la autoría de la imagen y el carácter artístico del fotógrafo. En Orogénesis crea paisajes inexistentes a través de un software topográfico que transforma datos alfanuméricos en montañas, lagos o acantilados; Fontcuberta obliga a ese software a reinventar obras clásicas de Millet, Courbet o Cézanne en paisajes artificiosamente realistas. En Googlegramas crea fotomosaicos formados por miles de imágenes localizadas con el buscador Google mediante el uso de palabras clave; por ejemplo, generó la famosa imagen de la soldado estadounidense Lynndie England humillando y abusando de un recluso de la prisión de Abu Ghraib mediante imágenes que aparecieron en Google aplicando como criterio de búsqueda los nombres de personas y cargos citados en el informe de aquel suceso. En Deconstructing Osama muestra fotomontajes donde el propio Fontcuberta se incluye en fotografías junto a la persona que se suponía que era el terrorista Osama Bin Laden o junto a otros soldados de Al Qaeda; partiendo del sentido del humor, con este proyecto quiere poner en duda la veracidad, no solo de sus obvios fotomontajes, sino de las imágenes que los medios de comunicación difunden para convencer al público de una realidad que desconoce de primera mano, pero que da por válida. Este tipo de propuestas da paso al concepto de la postfotografía, marcada por el acceso y el exceso, lo que nos lleva a una percepción distinta de la realidad: «Las imágenes dan más realidad que la realidad misma, las imágenes configuran una nueva realidad ampliada, la hiperrealidad. Una realidad intensificada», como afirmaba en su ponencia La furia de las imágenes en junio del 2016 en la Universidad Politécnica de Valencia.
En aquella ponencia Joan Fontcuberta explicaba la evolución de la fotografía tradicional hasta la postfotografía y las consecuencias de esta: desde el siglo xix, con la necesidad de capturar la realidad, pasando por el mundo artístico en el siglo xx, donde el fotógrafo modifica y mejora esa realidad para hacerla más comprensible, hasta llegar al siglo xxi, donde lo que importa no es la fotografía, sino el propio acto de fotografiar y el testimonio que justifica tu presencia en el suceso. Por tanto, el concepto de fotografía, tal y como la conocíamos hasta ahora, ha muerto. Estamos en la era de la postfotografia: «No se trata de hacer un documento, sino de inscribirse biográficamente en la realidad, es decir, el documento deja paso a esta marca autobiográfica […] El acto fotográfico prevalece sobre el contenido de la imagen».
Fontcuberta asegura que la generación ingente de fotografías digitales ha llevado a un colapso. Hemos alcanzado un límite de absorción de imágenes que nos lleva a producir sistemáticamente sin detenernos a mirar ni seleccionar. La producción y difusión de la fotografía actual se ha convertido en metralla lanzada sobre la sociedad. Hemos perdido la soberanía sobre las imágenes. Es por ello por lo que los fotógrafos, investigadores, profesores y estudiantes de fotografía deben esforzarse por recuperar esa soberanía, perdida a lo largo del siglo xxi.
Luismi Romero Carrasco
El Seis Doble no corrige los escritos que recibe. La reproducción de este texto es literal; fiel a las palabras, redacción, ortografía y sentido del autor/es.
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