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Domingo, 2 de septiembre de 2018

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Fotografía española contemporánea (6) | Juan Manuel Castro Prieto: sueños y memoria

"Para mí, el fotógrafo está más cerca de la literatura que de la plástica. Me veo más como alguien que cuenta una historia"


Abuelo Isidoro (1977) es una de las fotografías incluidas en el primer carrete que revela en su vida Juan Manuel Castro Prieto (Madrid, 1958). Ese año y ese rollo de fotografías marcan el inicio de su carrera fotográfica, que al igual que la de muchos artistas de su época se desarrolla de manera autodidacta, ya que su formación académica es como economista. En los años ochenta del pasado siglo ingresa en la Real Sociedad Fotográfica madrileña, donde coincide con grandes fotógrafos de generaciones anteriores como Gerardo Vielba, Juan Dolcet o los míticos miembros del colectivo La Palangana surgido a finales de los años cincuenta: Gabriel Cualladó y Paco Gómez Martínez.
Castro Prieto es conocido, además de por sus trabajos y ensayos fotográficos, por ser uno de los mejores positivadores de España, si no el mejor. El trabajo por el cual se dio a conocer en esta faceta fue el que realizó junto a Juan Manuel Díaz Burgos en 1990, cuando viajaron a Cuzco, en Perú, para positivar las placas de cristal de uno de sus fotógrafos más admirados, el peruano Martín Chambi (1891-1973). Aquello le permitió ganarse la confianza de otros tantos fotógrafos que le eligieron como positivador de su trabajo; tal es el caso de Gervasio Sánchez, que asegura que desde finales de los años noventa solo es el taller de Castro Prieto el que maneja su archivo fotográfico. Desde entonces por sus manos han pasado negativos de autores contemporáneos españoles consagrados como Alberto García-Alix, Cristina García Rodero o Chema Madoz. Además, ha recibido encargos para positivar los trabajos de autores clásicos nacionales e internacionales como los hermanos Casasola, pioneros del fotorreportaje en Latinoamérica; Luis Escobar, que recorrió y retrató durante casi cuarenta años los pueblos de Castilla-La Mancha en la primera mitad del siglo xx; o el reportero gráfico y retratista Alfonso; todo ello ha permitido a Castro Prieto viajar a diferentes países, meterse en la vida de estos fotógrafos y comprenderlos mejor.
Gracias a aquel trabajo en Perú y a la obra de Martín Chambi pudo conocer de primera mano el país que había protagonizado sus fantasías viajeras desde niño y realizar las primeras fotografías de su proyecto personal Perú, viaje al sol, desarrollado a lo largo de diez años en riguroso blanco y negro, que mucho tiempo después complementó con Tras la huella de Chambi, donde muestra un Perú en color. En una entrevista realizada por el crítico y comisario Alejandro Castellote en 2003, Castro Prieto comentaba en referencia a sus viajes: «Cuando comienzo a trabajar en el Perú, lo hago partiendo de una visión romántica. […] Estoy mitificando Perú, y también a un autor. Normalmente, todos mis trabajos parten de una visión mitificadora que en ocasiones se convierte en obsesiva». Además, a esta obsesión hay que sumarle el estado de concentración total en el que asegura se sumerge en sus viajes para alcanzar la disposición que le permita recoger las sensaciones que percibe y plasmarlas fotográficamente.
Los proyectos de Castro Prieto se mueven entre la fotografía documental y la onírica pero siempre con un alto componente autobiográfico y una estética muy estudiada que hace que la realidad se diluya a veces con la fantasía. Esto ocurre en Extraños, uno de sus proyectos más intimistas, abstractos y poliédricos, donde trabaja «la idea de recrear situaciones extrañas que no responden exactamente a la realidad, aunque estén apoyadas en ella». Explora temas como el sexo, la muerte o la memoria, y se sumerge en sus propios recuerdos y miedos para dar salida a todos los fantasmas que arrastra desde su infancia y adolescencia: «Para mí la fotografía ha sido una catarsis. Al tener un componente autobiográfico, he dado salida a todo lo que me inquietaba, pero también, en un momento determinado en que estaba en gran tensión, me ha ayudado a liberarme». Una selección de imágenes de este trabajo recopiladas a lo largo de veinte años conforma el libro Extraños (Editorial Lunwerg/Comunidad de Madrid, 2003), donde encontramos la interesante entrevista de Alejandro Castellote mencionada anteriormente.
Castro Prieto durante décadas ha ido alternando diferentes proyectos realizados a lo largo y ancho de la geografía española con otros internacionales en lugares tan dispares como Etiopía, Francia o el archipiélago de Vanuatu en Oceanía. Una vida dedicada a la fotografía que se vio reconocida con el Premio Nacional de Fotografía 2015 del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, por «su notable aportación a la fotografía española en su contenido y estética». Esto le supuso un empuje emocional y económico para poder materializar, en una exposición inaugurada a finales del 2016 en la sala de exposiciones Tabacalera de Madrid, su proyecto más ambicioso, tanto por su extensión en el tiempo como por su capacidad de análisis y profundización: Cespedosa. A lo largo de casi cuarenta años de producción, fue reconstruyendo su propia memoria y la de sus antepasados, tomando como epicentro Cespedosa de Tormes, un pequeño pueblo de Salamanca del cual eran sus progenitores. Desde aquella primera instantánea, Abuelo Isidoro (1977), con la que abríamos el texto, hasta fotografías como Estandarte (2016), Juan Manuel Castro Prieto ofrece un recorrido topográfico, temporal y emocional donde muestra personas, lugares y sentimientos que giran en torno a la pequeña localidad. La exposición y su consiguiente catálogo ofrecieron un amplio resumen de casi doscientas imágenes agrupadas en diferentes bloques que podrían dividirse en dos grandes grupos: sueños y memoria. Así mismo Cespedosa es un recorrido por la evolución plástica y técnica de Castro Prieto, desde la fotografía de su abuelo tomada en película de 35 mm, hasta las diapositivas en color tratadas cromáticamente con la tecnología digital, pasando por el formato medio, las panorámicas o los enfoques puntuales de la cámara de banco óptico.
Luismi Romero Carrasco
El Seis Doble no corrige los escritos que recibe. La reproducción de este texto es literal; fiel a las palabras, redacción, ortografía y sentido del autor/es.
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