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Miércoles, 4 de julio de 2018

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Fotografía española contemporánea (2) | Gervasio Sánchez: el objetivo independiente

Su habilidad para encuadrar y componer dota a sus instantáneas de una poética que hace que el drama retratado y la belleza plástica comulguen en armonía


"Hay que tenerlo muy claro. Si vas a trabajar en contacto con el sufrimiento tienes que implicarte emocionalmente, tienes que sentir el dolor ajeno. Si no, no vas a poder trabajar con decencia. […] Es importante estar dispuesto a sufrir ese dolor para poder transmitirlo".
Gervasio Sánchez, fotoperiodista
 
Inauguramos la serie con el aclamado fotógrafo y periodista Gervasio Sánchez (Córdoba, 1959), uno de los referentes clave de la fotografía española documental de guerra de los últimos tiempos, pero, sobre todo, especialmente interesado en retratar la posguerra y a sus víctimas civiles. Se licenció en Periodismo en 1984 y se metió de lleno en el fotoperiodismo en Centroamérica, donde, como él mismo reconoce, aprendió mucho de la profesión, pero no consiguió vender ni una sola fotografía. Sin embargo, aprendió rápido de sus compañeros y en 1986 ya comenzó a publicar en diferentes medios, ejerciendo de fotógrafo de manera exclusiva desde principios de la década de los noventa. Ha vivido y retratado los conflictos bélicos internacionales más importantes de los últimos veinticinco años y sus consecuencias en el tiempo, colaborando en ocasiones con periodistas como Enrique Meneses, Alfonso Armada o Ramón Lobo. Para Gervasio Sánchez la guerra no acaba con el final de los bombardeos, la guerra deja una huella imborrable en las vidas de sus supervivientes. «La guerra no se puede contar. Da igual lo fina que tengas la capacidad analítica. Lo bien que puedas enfocar, encuadrar, lo bien que seas capaz de entender lo que ocurre, es imposible contarla. Porque la guerra no dura un fotograma, no dura una crónica, no dura un párrafo, no dura un travelling, dura veinticuatro horas del día, de muchos días, de muchos meses, de muchos años y a veces incluso de muchas décadas», afirmaba Gervasio Sánchez en el documental que lleva su nombre dirigido por Alicia de la Cruz. Es por ello que Gervasio ha vuelto al lugar de los hechos en repetidas ocasiones para hacer un seguimiento de algunos de las personas que sufrieron las atrocidades y las consecuencias de la barbarie humana. Se implica personalmente en sus reportajes, para demostrarnos el horror y el absurdo de la guerra y la huella que deja en la sociedad, que ha de convivir con sus secuelas hasta el día de su muerte. Víctimas con nombres y apellidos que nos ha presentado en sus trabajos sobre la guerra de los Balcanes, el genocidio de Ruanda, los mutilados por las minas antipersona, las madres de desaparecidos de diferentes conflictos políticos y bélicos internacionales o los niños soldados de Sierra Leona, con su doble papel de verdugos/víctimas de la guerra.
El documental Gervasio Sánchez, que comentábamos anteriormente, dirigido por Alicia de la Cruz y premiado en 2015 con el Delfín de Oro al mejor docudrama en los Cannes Corporate Media & TV Awards, nos muestra un viaje realizado por Gervasio a Sarajevo, muchos años después de finalizar la guerra, para reunirse una vez más con Adis Smajic, un joven herido por una mina antipersona a la edad de trece años cuando intentaba retirarla de la calle para que no pudiera dañar a sus vecinos. Gervasio retrató a Adis el día después de la tragedia, convaleciente en un hospital de Sarajevo, con los ojos vendados y con su madre a su lado agarrándole la mano. Desde entonces, Gervasio ha continuado visitando a Adis en numerosas ocasiones, fotografiando su recuperación, su esfuerzo por rehacer su vida sin su padre, muerto en la guerra, y sin una adolescencia, arrancada de cuajo, sus constantes operaciones, su crecimiento, con su pareja, hasta llegar al momento de su paternidad ya alcanzada la treintena.
Sus fotografías, además del carácter testimonial, cuentan con un componente estético muy marcado. Su habilidad para encuadrar y componer dota a sus instantáneas de una poética que hace que el drama retratado y la belleza plástica comulguen en armonía. El dolor de la guerra y de la sociedad más desfavorecida se plasma ante nuestros ojos de una manera cercana y muy humana, adentrándonos en la historia de sus personajes y empatizando con ellos. Gracias a su independencia profesional, ha publicado en diferentes medios de comunicación y esto le ha permitido denunciar los intereses económicos y políticos que muchos Gobiernos tienen en las guerras. Al respecto declaraba en una entrevista realizada en 2011: «Si queremos salvar el periodismo tenemos que investigar, que ser impertinentes, que hacer autocrítica, que recordarnos a nosotros mismos lo mentirosos que llegamos a ser, cómo somos incapaces de investigar a nuestros amigos, a los poderes políticos que ocultan un montón de miseria porque nos ponen su publicidad».
En 1995 Gervasio Sánchez comenzó su proyecto a largo plazo Vidas minadas, que le llevó, además de a Bosnia, a otras zonas de conflicto bélico como Camboya, Kurdistán, Afganistán, Colombia, El Salvador, Irak, Angola, Nicaragua o Mozambique a lo largo de veinte años, mostrando las secuelas de las minas antipersona, siempre de una manera incisiva y cercana. En el año 2007, se presentó un centenar de imágenes de este proyecto en la sede central de Madrid del Instituto Cervantes, contando con la participación de cuatro de las víctimas retratadas que compartieron su experiencia: Sokheurm Man de Camboya, Sofia Elface Fumo de Mozambique, Manuel Orellana de El Salvador y Adis Smajic de Bosnia, ya mencionado anteriormente.
El trabajo de Gervasio Sánchez ha recibido multitud de galardones, entre los que destaca el Premio Nacional de Fotografía, de manos del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en el 2009. Sin embargo, al margen de los galardones, que son un reconocimiento merecido a un trabajo impecable y, por supuesto, una satisfacción personal y ante todo profesional, lo realmente importante de sus proyectos es que son indispensables para la sociedad y su conciencia. Nos trasmiten una realidad muchas veces oculta por los intereses políticos y económicos de los Gobiernos y los medios de comunicación partidistas. Sus fotografías no deberían dejar indiferente a nadie, ya que nos hacen reflexionar e inevitablemente motivan el debate y el cuestionamiento. Fotógrafos como Gervasio Sánchez son, en definitiva, necesarios.
Luismi Romero Carrasco | Instituto Cervantes



 
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