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Jueves, 21 de marzo de 2019

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Fotografía española contemporánea (11). Miguel Trillo: el placer del cuerpo vestido

Durante "la movida" documentó las diferentes tribus urbanas de jóvenes con su manera de retratar, frontal y sobria


 

Si pensamos en imágenes de la movida madrileña de los años ochenta, nos vendrán a la cabeza fotografías que, aunque no sepamos su procedencia, se han quedado incrustadas en nuestra memoria. Muchas de ellas serán sin duda obra de Miguel Trillo (Jimena de la Frontera, Cádiz, 1953), que fotografió sin descanso tanto a los músicos sobre el escenario, como a los asistentes a sus conciertos. En 1986, en una de las emisiones del famoso programa de televisión Metrópolis, se entrevistaba a un joven Trillo y se le presentaba así: «Miguel Trillo, 32 años. Vive en Madrid. Por las mañanas profesor de Lengua y Literatura, por las noches fotógrafo». Como una especie de superhéroe con doble vida, durante décadas Trillo ha estado compaginando su labor de docente con su pasión por la música, la fotografía y las culturas urbanas. El hecho de haber tenido un trabajo con cierta estabilidad económica le ha permitido mantener su independencia artística y crearse un estilo personal con un discurso adaptado a las nuevas modas.
Empezó a fotografiar a mediados de los años setenta cuando llega a Madrid, atraído por la fotografía surrealista. En aquellos años realizó composiciones metafóricas con objetos o partes del cuerpo humano que simbolizaban el país en el que había vivido hasta hace poco: una España gris y carente de libertades. En la década de los ochenta, con la explosión de la movida madrileña, Trillo dio por finalizada la etapa surrealista en blanco y negro. Comienza a disparar diapositivas en color, porque el color de la ropa de los jóvenes asistentes a conciertos que ahora retrata ya no representa una ideología política, sino una actitud ante la vida.
Desde muy joven siente gran pasión por la música, gracias a que desde el pequeño pueblo gaditano en el que vivía podía sintonizar Radio Gibraltar y escuchar grupos británicos. La nueva ola española imitaba la new wave británica y él se vuelve militante de aquel movimiento cultural. Los jóvenes venían de una generación obligada a ser obediente y uniforme, sin embargo, en los ochenta, se encuentra con multitud de tribus urbanas que visten, como él mismo dice, sus propios «uniformes de la desobediencia». «Estoy fotografiando a un público anónimo que está viviendo ese entusiasmo generacional de una juventud en libertad por primera vez, cuando en España en el siglo xx había habido tan pocos periodos de libertad», comentaba Trillo en el reportaje de la serie «Creadores» dedicado a su trabajo y emitido en el 2016 en el programa La aventura del saber de La 2 de RTVE.
En su manera de retratar, frontal y sobria, se ve la influencia de fotógrafos como Diane Arbus y August Sander. Algunos personajes posan serios, otros interpretan un papel, incluso algunos desafían a la cámara, pero todos se muestran orgullosos y es ahí donde vemos el arte y la huella de Trillo. «Fotografiar la vida cotidiana, más que fotografiar un acontecimiento», ese es el nuevo documentalismo en el que se siente libre y cómodo y en el que desarrollará su arte a lo largo de cuarenta años, ya que «la fotografía documental también es arte, porque es arte callejero».
En la década de los noventa, se marcha de Madrid y realiza su primer trabajo fotográfico profesional. Será una colaboración en el dominical del diario El País, para realizar reportajes sobre la juventud y sus tribus urbanas en capitales de provincia más pequeñas. Sus fotografías ilustrarán los textos del periodista Moncho Alpuente y viajará a Palencia, Lugo, Teruel, Ciudad Real o Castellón. Las fotografías no convencieron a muchos lectores, que se quejaban porque aparecían sitios raros con gente joven. Esas fotografías conformarían la exposición Souvenirs en la galería Moriarty de Madrid, en 1992, cuyo catálogo fue la edición de unas tiras de postales con las fotografías: «Radiografías de capitales de provincia de una España que ya se consideraba moderna».
Su proyecto Geografía moderna surge tras su traslado a Barcelona en 1994. Ese trabajo desarrolla los conceptos de territorialidad y rivalidad. Realiza fotografías en Barcelona y Bilbao, donde hay un elemento territorial muy importante que no había en Madrid. «Para un punki de Bilbao es más importante ser vasco que ser punki», lo cual le sorprende, ya que él pertenecía a una cultura apátrida, donde la rivalidad podía surgir entre las tribus urbanas, rockers contra mods o heavies contra pijos. Aquí descubre la rivalidad territorial por cuestiones como la capitalidad entre Gijón y Oviedo, Vigo y Pontevedra o Jerez y Cádiz, así como la rivalidad lingüística. Un recorrido por España a lo largo de diez años, retratando culturas urbanas juveniles pero en territorios marcados por el pasado y por el enfrentamiento: «La cultura urbana, para mí, es una cultura apátrida, que no tiene territorio, y hemos nacido para no ser víctimas del pasado». Estas fotografías fueron reproducidas en forma de sellos de correos con el nombre de la ciudad.
Tal y como hiciera el fotógrafo holandés Ed van der Elsken décadas antes, fotografiando a jóvenes variopintos que deambulaban por las calles de Ámsterdam, París o Tokio, Miguel Trillo ha realizado su propio recorrido internacional a lo largo de cuarenta años, en un contexto social e histórico distinto. Uno de sus trabajos más recientes es Gigasiápolis, centrado en la cultura juvenil de las grandes ciudades de Asia que pasan por su propio filtro las culturas urbanas occidentales. En Asia conviven la modernidad con las tradiciones, mientras que en Occidente el rock intentó precisamente romper con ese vínculo. Aquí entran en juego los otakus o los cosplayers, que ya no pertenecen a una cultura musical, sino visual donde el cómic manga o el anime son los referentes. Las idolatradas estrellas del rock occidentales han sido sustituidas por personajes ficticios. Ahora los fans pueden disfrazarse y encarnarlos, convirtiéndose en las verdaderas estrellas. En Afluencias. Costa Este, Costa Oeste, desarrollado entre 2010 y 2014, pone en diálogo a Vietnam, Estados Unidos y Marruecos, tres países y culturas tan distintas como alejadas. Plantea rivalidades entre los jóvenes fotografiados en las dos costas americanas (Los Ángeles y Nueva York), entre Vietnam y Estados Unidos (comunistas contra capitalistas) o entre capitalistas e islamistas. Surge la paradoja cuando observamos que tienen una estética similar a pesar de sus pasados enfrentados. Trillo nos muestra que en un mundo globalizado, donde las tradiciones intentan sobrevivir y mantener la esencia que las diferencia, los jóvenes luchan por mostrar su estilo y lenguaje, sea este original, apropiado o extendido internacionalmente a lo largo y ancho del mundo.
Luismi Romero Carrasco | Instituto Cervantes

 
 

El Seis Doble no corrige los escritos que recibe. La reproducción de este texto es literal; fiel a las palabras, redacción, ortografía y sentido del autor/es.
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