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Jueves, 3 de octubre de 2013

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Fisac/De la Sota, arquitecturas paralelas

La obsesión por la expresividad del hormigón del primero frente a la depuración abstracta del segundo


Dos de los pilares de la arquitectura moderna española, Alejandro de la Sota (Pontevedra, 1913-Madrid, 1996) y Miguel Fisac (Daimiel, Ciudad Real, 1913-Madrid, 2006), podrían representar las dos caras de su profesión: la depuración abstracta del primero frente a la obsesión por la expresividad del hormigón del segundo. Pero en esa dicotomía entre industria y artesanía —o entre rigor y creatividad— se perderían las aristas que hicieron grandes a unos pioneros tan poliédricos como su propia obra.
Viajero incansable y en permanente revuelta interior, el autor del Centro de Estudios Hidrográficos de Madrid (1963), Miguel Fisac, no era un dionisíaco, aunque su obsesión por reflejar la cualidad fluida del hormigón con acabados acolchados pueda empujar a pensarlo. Tampoco De la Sota, autor del Gimnasio del Colegio Maravillas de la capital (1962), era apolíneo, aunque su camino hacia una depuración extrema (llegó a defender no hacer arquitectura como camino para hacerla") pudiera dejarlo entrever. Aunque con frecuencia se hayan simplificado sus legados para reforzar su recuerdo, ambos fueron, por etapas, lo uno y lo otro: contenidos y expresivos, cartesianos y creativos. Así, el arquitecto Moisés Puente —editor de los escritos de Alejandro de la Sota— atribuye la construcción del mito Sota a la escuela sotiana, empeñada en una lectura de la obra que acabó encorsetando al personaje”. Y el profesor de la Escuela de Arquitectura de Toledo Carlos Asensio-Wandosell observa que Fisac era moderno cuando no lo era Sota, “pero de repente Sota, a base de destilarse a sí mismo, se va abstrayendo y le va ganando la partida a un Fisac que se fue preocupando cada vez más de lo poco reconocida que era su personalidad”.
Asensio-Wandosell y Puente han puesto a Fisac frente al espejo de De la Sota y a este frente al espejo del primero en la exposición Miguel Fisac y Alejandro de la Sota, miradas en paralelo, que el ICO inaugurará el próximo día 17. Se trata de aprovechar el centenario de los dos maestros para afianzar su recuerdo. Pero también para clarificarlo, señalando que sus miradas eran más confluyentes que paralelas.
El retrato resultante revela las raíces de buena parte de la arquitectura española actual: desde la obra de sotianos de hoy como Iñaki Ábalos hasta la de José Selgas y Lucía Cano, que sumando el uso de materiales prefabricados a la expresividad del hormigón demuestran que la mejor arquitectura no nace de decidirse por un estilo sino de saber manejar cualquier recurso. Por eso, lejos de purismos excluyentes, la muestra desvela la resistencia emprendida por Fisac y De la Sota, primero ante el historicismo que imperaba en la arquitectura del franquismo y, después, ante la propia inercia moderna.
Fue la obsesión por industrializar la construcción lo que llevó a De la Sota a encargar a herreros artesanos una barandilla de aspecto industrial para su obra más celebrada, la sede del Gobierno Civil en Tarragona (1964). Sin embargo, y a pesar de que el arquitecto gallego se fue volcando en el uso de prefabricados para aligerar sus edificios, una anécdota recordada por Pep Llinás —que trabajó con él en dos proyectos— desvela lo puntilloso que podía llegar a ser. Durante la construcción de la Cancillería española en París (1987), la obra se paró porque Sota no enviaba la documentación. Llinás viajó a Madrid a comprobar qué ocurría. Y allí, en el estudio de la calle Bretón de los Herreros, lo encontró paralizado por el color de las moquetas. “Sus ayudantes estaban tejiendo, a ganchillo, muestras para el maestro”, explica Asensio-Wandosell.
Con todo, la que habla en los encofrados de Miguel Fisac es, más allá de la industria, la huella del hombre. Y a pesar de su obsesión por la expresión del hormigón, el arquitecto manchego llega a inventar un tipo de ladrillo para rematar los bordes. Lejos de traducir en incomprensión su torrente creativo, suple con su ingenio, lo que la incipiente industria española no era capaz de proporcionar. Por eso, inmersos en la actual escasez de medios, poner a dos pioneros de una época de aislamiento cultural y pobreza mirándose a la cara resulta revelador para analizar cómo cada uno fue construyendo la osadía que le llevaría a convertirse en maestro. La autora de este texto es Anatxu Zabalbeascoa. Leer artículo completo y ver hilo de debate en elpais.com.
El Seis Doble no corrige los escritos que recibe. La reproducción de este texto es literal; fiel a las palabras, redacción, ortografía y sentido del autor/es.
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