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Domingo, 15 de febrero de 2015

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¿Es Podemos un soufflé? ¿Se ha sacado demasiado pronto del horno?

La calculada ambigüedad con que se han elaborado sus propuestas, en algunos casos contradictorias, no soporta un escrutinio minucioso


Un soufflé es un plato delicioso y delicado que, bien hecho, supone una exquisitez para el paladar.  Su elaboración es un arte en sí misma y el éxito o el fracaso están separados por una línea sutil que depende de algunos factores.  Debe pensarse muy bien, previamente, qué es lo que se quiere hacer; utilizar los ingredientes adecuados en las cantidades exactas y, sobre todo, saber medir los tiempos con precisión quirúrgica: Un minuto de más o de menos en el horno puede hacer que se queme o que no se cocine lo suficiente y quede convertido en una masa de textura desagradable.
Debe servirse en el momento adecuado ya que, si se hace antes de tiempo, se desinfla y baja pasando de ser un plato inigualable a una vulgaridad prescindible que, además, alimenta bastante poco.
¿Es Podemos un soufflé?  Veamos: Sus cocineros lo han preparado con mimo, han seleccionado los ingredientes con cuidado, establecido un proceso de elaboración medido hasta las últimas consecuencias, realizado una prueba exitosa antes de colocarlo en el lugar estrella de la carta, promocionado apelando a instintos básicos de modo que despierte el apetito del comensal y metido al horno en unas cantidades capaces de alimentar a todo un país.  Una vez cumplido escrupulosamente el tiempo de cocción se ha sacado del horno pero, quizá, demasiado pronto y cuando llegue el momento de degustarlo habrá caído, haciendo patente el artificio que lo rodea.
Algo se adivina.  La calculada ambigüedad con que se han elaborado sus propuestas, en algunos casos contradictorias, no soporta un escrutinio minucioso. Una vez en marcha la organización, la metodología participativa en la toma de decisiones está dando paso a una mano férrea que sigue los pasos establecidos, dejando de lado aportaciones o alternativas que puedan dar un sesgo ideológico a su actuación.  Identificarse con una ideología concreta, en este caso de izquierdas, puede suponer la pérdida de otros votos del resto del espectro político y, en ese caso, no saldrían las cuentas.  Además, una organización política que mantenga el espíritu asambleario de sus orígenes es ingobernable, sus creadores lo saben y, discretamente, tratan de dotarse de “cuadros” en el ámbito interno que, lejos de los focos, determinen la trayectoria invariable a seguir para conseguir el objetivo fijado:  Vencer.
¿Vencer para qué?  Evidentemente para gobernar.  Para gobernar deben saber dónde quieren ir y, por supuesto, cómo.  Dudo que lo sepan; en cuanto se rasca un poco con la uña la superficie dorada y apetecible del soufflé se comprueba el vacío que hay debajo pero, al parecer, eso no importa; primero hay que vencer y luego ya se verá qué se hace.  Esa actitud, cuando tienes millones de personas salivando sentadas a la mesa, es muy peligrosa; se quedarán con hambre y, posiblemente, se lo piensen muy bien antes de acudir otra vez a un restaurante.
Para que una estrategia de marketing tan bien diseñada funcione, hay unos elementos imprescindibles, los comerciales:  Se encargan de magnificar las virtudes del producto, colocar el anuncio allá donde aparezca un potencial comprador y, sobre todo, denostar, descalificar y despreciar todas las demás propuestas, llegando a utilizar el insulto con generosidad cuando se señala la debilidad de sus argumentos.
Nunca he cocinado ni comido un soufflé, es posible que sea una delicia pero mis prioridades alimentarias son otras, ahora bien, quienes lo elaboran, venden y dan a probar deberían respetar a quien no lo hace y, sobre todo, pensar muy bien cómo llenar el estómago de quien ha confiado en ellos.  Una multitud hambrienta puede devorarles.
¡Bon apetit!
Fermín Álvarez
Un triste tigre

* Fermín Álvarez es colaborador de El Seis Doble. Su espacio, aquí.
* Fermín Álvarez es autor del blog "Un triste tigre".


El Seis Doble no corrige los escritos que recibe. La reproducción de este texto es literal; fiel a las palabras, redacción, ortografía y sentido del autor/es.
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