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Sábado, 11 de abril de 2015

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En política, como en la vida misma, hay que recuperar el equilibrio natural de las cosas

Asistimos a los intentos de los partidos políticos para situarse entre su potencial electorado a fin de ocupar las plazas que el poder les tiene reservado


La vida, las cosas, la naturaleza, el hombre, las naciones… La historia nos enseña que por más que nos emperremos en destruir el futuro, el implacable paso del tiempo pone cada cosa en su lugar. Es el equilibrio natural de las cosas.
Hace muchos años, en la revista Muy Interesante, tuve la oportunidad de leer un artículo donde, en una abstracción futurista, planteaban una ciudad de Madrid deshabitada y relataban infográficamente cómo la naturaleza iba recuperando sus espacios naturales, devorando calles y edificios con el paso de los años.
Todos somos conocedores de que los bosques abandonados se convierten en selvas impenetrables, de cómo las aguas de los ríos buscan sus cauces naturales, de cómo un perro abandonado termina asilvestrado y se parece cada vez más al lobo que fue su padre primigenio o de cómo aprenden a cazar para sobrevivir.
En un mundo utópico, donde solo existiesen  palomas y gavilanes, la interdependencia se hace notable, y un aumento de la población de palomas ayuda a la proliferación de gavilanes, lo que hará disminuir el número de palomas hasta que la propia población de gavilanes empiece a mermar por falta de alimento, y esto hará que proliferen las palomas, y así en un círculo vicioso donde el fin siempre es el principio y el principio está condenado al final. Es el equilibrio natural de las cosas.

En estos días asistimos a los intentos de los partidos políticos para situarse “popularmente” entre su potencial electorado a fin de ocupar las plazas que el poder les tiene reservado.
En realidad, presenciamos un hecho que se da en la naturaleza de forma imparable. Las hiedras se enredan en los árboles, trepan por ellos e intentan robarles el sol, y los árboles terminan creciendo un poco más para mantenerse por encima de las hiedras, en una lucha sin vencidos ni vencedores, sino donde unas veces unos estarán sobre los otros y otras los otros sobre los unos. Es la lucha por la sobrevivencia, es el equilibrio natural de las cosas.
En política es habitual clasificar las opciones como de derechas o de izquierdas, clasificar a los que la ejercen contra el pueblo o para el pueblo. Ahora se habla mucho de los de abajo y los de arriba, que es lo mismo, los que están con el pueblo y los que están contra el pueblo.
Para que algo se equilibre siempre hace falta un contrapeso, naturaleza contra la intervención del hombre, palomas contra gavilanes, hiedras contra árboles, los que están con el pueblo contra los que están con los de arriba…
En tiempo electoral, nada es lo que parece, y todos quieren acercarse al centro político, zona donde el número de votos en juego es mucho mayor, y las derechas nos habla y nos proponen medidas sociales que no forman parte de sus dogmas, mientras las izquierdas hacen concesiones programáticas a los del otro lado. Juegan, en un delicado equilibrio, a contarnos medias mentiras y pocas verdades de lo que se esconde realmente detrás de sus panfletos y carteles propagandísticos, que en muchas ocasiones ni siquiera se acercan a sus verdaderas intenciones.
Desde el punto de vista de la hiedra, ellas son las débiles, las de abajo, son las que sufren la falta de sol, y por eso trepan intentando alcanzar el preciado bien, mientras los árboles, poderosos, siempre consiguen crecer un poco mas y mantenerse por encima.
Desde el punto de vista de los árboles, ellos son los oprimidos, los que las hiedras pisotean y utilizan para alcanzar el sol, robándoles la posibilidad de nutrirse. Difícil equilibrio, eterna lucha
Netanyahu pide a Irán que reconozca el derecho a existir de Israel, pero no quiere reconocer el derecho a existir de los palestinos.
Tratados de paz conviven con declaraciones de guerra. Allá donde hay palomas, aparecen los gavilanes, y cuando las palomas se acaban, los gavilanes desaparecen… si hay diamantes, petróleo o cualquier otra riqueza, llevémonoslos, y cuando se acaben, allá se pudran… Mientras tanto, cerremos los ojos ante la explotación infantil, ante los asesinatos y la podredumbre de la corrupción, ante el abuso y el uso de lo que no nos pertenece…
Guerras con muertos propios e impropios, con daños colaterales, guerras frías y a veces ardientes. Guerras entre religiones y fanatismos, muros de concertinas y telones de acero. Unos y otros luchando por la supremacía, declarando su verdad como única mientras caen vidas humanas. Violencia machista que los machistas justifican, clasificación de pobres y ricos,  muertos por hambre mientras sobra comida, gente sin hogar con hogares vacíos, ricos y pobres, los que viven de la limosna y los que viven de las rentas. Injusticia…
 
Hay que votar próximamente, pero… ¿a quién?
Cuántas mentiras…
 
Dice González Pons: «Sacaremos a España de la crisis, aunque suponga daño electoral» (ABC 4/4/2015) Lo dice transmitiendo un espíritu de sacrificio que me recuerda al del Jesús de los cristianos, que dicen dio la vida para salvarnos. Pero es falso, solo es estrategia electoral para mantener el suficiente número de votos que les mantenga en el poder. Seguirán trabajando por los mismos intereses por los que vienen trabajando desde que lo alcanzaron, seguirán favoreciendo a grandes empresas y bancos, seguirán desprotegiendo al ciudadano y coartándoles sus libertades, seguirán recortando derechos y creando obligaciones, seguirán desmontando España y vendiéndola en pequeños bocados al hambriento capital, y lo harán con la frialdad habitual, sin importarles los daños colaterales de esta guerra de ricos contra pobres…
 
Pedro Sánchez, que se nos presenta como adalid de la izquierda, como libertador del pueblo oprimido, firma pactos que inmediatamente después, en un alarde de hipocresía recurre ante los tribunales, creando confusión en los que en él veían algo de esperanza. Deriva hacia la derecha como no podía ser de otra manera, colocándose en la parte de los poderosos, de los que admiten y permiten la corrupción, de los que gustan de aforamientos que los protejan y de los que cobran dietas y salarios de gente rica, de los que gustan de las puertas giratorias y se labran un buen futuro en los consejos de administración de las grandes empresas que alguna vez fueron nuestras. No está al lado del pueblo aunque quiera parecerlo.
 
Ciudadanos, que es poco más que una rama que le ha salido por la derecha al Partido Popular, se queda solo  negando el derecho a una asistencia sanitaria universal que solo quieren para los que de verdad son españoles, y que hasta su propia matriz, el PP ahora quiere, en una demostración de verdadero populismo, devolver a los que previamente se la han negado.
 
Podemos, la esperanza de la izquierda, se llena de errores antes de poder demostrar nada y nos muestra una cara distinta a la que publicitan, otros como Rosa Diez se internan en luchas interinas que acabarán destrozando sus pocas opciones políticas mientras se diluye en Ciudadanos.
 
IU se desploma partiéndose en pedacitos poco aprovechables y a Vox (afortunadamente) no se le espera.
 
Votar a los mismos sería un error, pero igual el error es votar a quien abandona la claridad, a quien poco a poco se somete a las estructuras sociales del poder contra el pueblo que ya conocemos.
En el fondo, da igual. El tiempo pondrá las cosas en su sitio, y a poco que le demos un respiro todo volverá a equilibrarse. De nuevo veremos estructuras de izquierda contra estructuras de derecha, se irán redefiniendo en función de los poderes de los que estén enfrente y cada uno ocupara su espacio en la necesaria alternancia política que requiere el mundo moderno.
 
Los bosques siempre se convierten en selvas.
A poco que los abandonemos
 
El votante, al que muchos tachan de ignorante, es sabio, y sabe que si algo refuerza una opción política es su abandono. Ante la soledad, los perros se asilvestran y recuperan parte de su natural ser. Ante el abandono, la izquierda será más izquierda y la derecha más derecha, de nuevo existirán opciones claras y bien definidas, aunque, cual mártires modernos, nos ha tocado sufrir la actual indefinición de los partidos. Ese sufrimiento no habrá ya quien lo borre.
No es mucho pedir que cada uno se defina, y sin mentiras, sean claros con nuestro futuro, con lo que piensan hacer con nosotros. Que nos cuenten que pasa con los impuestos de los ricos, con las SICAV, con los bancos de alimentos, con los desahuciados, con los que pasan hambre, con la inmigración, con la sanidad, con la educación, con las enfermedades físicas y sociales, con la corrupción, con sus dietas y sus prebendas, con la necesaria transparencia, con sus cuentas y las de sus partidos, con los derechos sindicales, con la moribunda constitución, con la independencia de jueces y fiscales, con las tasas judiciales, con nuestros derechos… que nos cuenten si piensan seguir robando o esto ya va a parar, que nos digan si van a perseguir de verdad a los ladrones de guante blanco y si nos van a devolver algo de lo que se han llevado, que nos cuenten si van a seguir vendiendo trocitos de nuestro patrimonio, si quieren que el estado esté representado por derechos dinásticos o por designación del pueblo, que nos cuenten si están dispuestos a deshacer lo malo y trabajar por lo bueno, que confiesen si están dispuestos a dimitir cuando el pueblo se lo exija, si están dispuestos a admitir que son empleados públicos y no directores de una multinacional, que asuman de una vez por todas que los votos que los ponen en el poder son los verdaderos dueños de la nación y que no se puede gobernar contra natura.
Algunos ya sabemos cómo lo hacen. Otros, aún nos lo deben demostrar. ¿Les daremos la oportunidad? Nos va el futuro en ello… Hay que recuperar el equilibrio natural de las cosas.
José Ramiro
* José Ramiro es colaborador de El Seis Doble. Su espacio, aquí.
* José Ramiro es autor del blog "Esto no tiene arreglo".
El Seis Doble no corrige los escritos que recibe. La reproducción de este texto es literal; fiel a las palabras, redacción, ortografía y sentido del autor/es.
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