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Jueves, 27 de abril de 2017

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Dos Mil Diecisiete | Relato literario de Óscar Ahulló

"Estás en tu casa. Ya te acostumbrarás"


Orbis, altiva y poderosa, abre la puerta de la sala con decisión y la cierra tras de sí. Homines, de aparienciajoven y envalentonada, la ve de inmediato y le cuesta adivinar una edad en ella. La ve mayor pero fuerte; endurecida pero amable. Y bella, muy bella. A medida que Orbis se le acerca bordeando la larga mesa, Homines se va poniendo firme y finalmente se levanta para recibirla y estrecharle la mano. Observa diversos lunares en el vestido que tan azul parecía a lo lejos.
Homines se sienta primero. Orbis, frente a él, empieza a hablar.
-Bienvenido.
-Gracias. ¿Dónde estoy?
-Estás en tu casa. Ya te acostumbrarás.
-¿Acostumbrarme a qué?- Homines se incorpora levemente sobre la mesa.
-A mí, hijo- responde Orbis, imitando el movimiento –pero tranquilo, estarás bien.
 
Orbis abre la puerta de la sala, esta vez en la planta número dos mil diecisiete. No es ella quien ha elegido el lugar para verse, sino él. Pero está vacía. Igualmente entra, cabizbaja, y cierra la puerta con cuidado. Avanza con parsimonia hasta la cristalera desde donde solía divisar todo. Lástima que desde hace mucho tiempo, una densa niebla se ha apoderado de las alturas, y todo cuanto puede ver es una humareda gris y amarillenta que también invade la estancia. Incluso puede olerla, y no es un aroma precisamente agradable.
Finalmente oye un portazo y se da la vuelta lentamente. Ha llegado Homines,con su aspecto adolescente de siempre, y más desafiante que nunca.
-Siéntate- le espeta ella.
No se dan la mano. Homines se limita a dejarse caer sobre la butaca y se reclina apoyando los pies sobre la mesa.
-¿Por qué me haces esto, Homines?
-Empezamos bien…
Orbis le mira fijamente durante varios segundos antes de volver a hablar.
-Al principio sabías comportarte, pero te vas volviendo más insoportable a medida que creces.
-Supongo que al principio no te tenía la confianza que te tengo ahora- Homines le sostiene la mirada.
Orbis se pone en pie.
-¡Te doy todo lo que pides!
-Y yo te doy las gracias- dice guiñando un ojo y fingiendo disparar con el dedo índice hacia Orbis.
-Cada vez es más difícil satisfacerte. Dentro de poco no te podrás permitir más caprichos. Y luego ni siquiera podré cubrir tus necesidades. ¿Qué harás entonces?
-Naturalmente, me iré de casa- responde Homines alzando los hombros.
-Eso no es para nada natural. No puedes.
-¿Por qué no?
-¿Cómo vas a hacerlo? ¿Y adónde irás?
-Pediré ayuda a alguien de fuera. Haré amigos. Ellos me acogerán.
-Si estuviesen interesados en ti, ya lo sabrías.
-¿Qué quieres decir con eso?- Homines la mira, pensativo.
-Homines, te ha tocado vivir conmigo. Creo que ya eres suficientemente mayor como para entender eso. Pero con esa actitud te estás haciendo daño a ti y también a los de tu alrededor. Muchos te querían y ya no te soportan. Y muchos otros ya ni siquiera están.
-Ya me estoy hartando de dramas- dice Homines levantándose de la butaca.
-Tú verás lo que haces.
Homines se dirige hacia la puerta y cuando echa mano de la manivela, Orbis le detiene.
-Tienes que cambiar.
-Tienes que dejarme en paz- exclama Homines intentando liberarse de Orbis, que le tiene cogido por el brazo.
-No pretendas desafiarme- un brillo de ira reluce en los ojos de Orbis. A Homines, que no esperaba esa mirada ni ese tono en la voz de ella, se le hiela la sangre.
-No pretendía…
-Por aquí ha pasado de todo, Homines. Y han sucedido cosas que en tu vida te atreverías a soñar. Y mírame,aquí estoy. ¿Me ves?- el tono de voz de Orbis ha cambiado por completo, y ahora es afilado y amenazante como una espada.
-S-sí…- balbucea Homines. Mira a través de la pared acristalada de la sala. Afuera acaba de iniciarse una gran tormenta. Centenares de relámpagos iluminan las nubes.Ráfagas de truenos, como mil bombas estallando al unísono, están a punto de reventarle los tímpanos. El vestido azul de Orbis ha cambiado de color, ahora alterna entre gris oscuro, negro y rojo. Sus ojos arden en naranja.
El calor allí dentro empieza a resultar insoportable. Las paredes de vidrio se empañan rápidamente y sudan miles de gotas que se deslizan hasta el suelo dejando un rastro verdoso. Homines observa, horrorizado, cómo se fríe la moqueta al contacto con el agua, se vuelve negruzca y despide un humo espeso, amarillo y pestilente. Intenta traspasar la puerta de la sala, que todavía sigue abierta, pero Orbis le retiene.El edificio entero está cerca de sucumbir a los temblores.
Sólo la voz de la Madre Tierra sobresale entre el caos.
-Me remito a uno de esos juegos que has creado para entretenerte y a los que llamas “religiones”.Yo soy vieja, pero tú sólo eres polvo.

Óscar Ahulló
 



El Seis Doble no corrige los escritos que recibe. La reproducción de este texto es literal; fiel a las palabras, redacción, ortografía y sentido del autor/es.
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